La mochila de Lola

Espacio para disfrutar de la información,
la belleza y la cultura.

Juan Gómez-Jurado (Moratalaz, Madrid, 1977) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad San Pablo CEU, vive actualmente en Santiago de Compostela.

Casado con dos hijos. Como periodista, su carrera profesional ha pasado por las redacciones de Canal Plus, Cadena SER, diario ABC, TVE y La Voz de Galicia.

Colabora con las revistas Qué Leer, JotDown Magazine, New York Times y Book Review. Participa en programas de radio y televisión, como Julia en la Onda, de Onda Cero, donde tiene una sección diaria, "Personas Físicas".

Su primera novela fue Espía de Dios, un thriller sobre un asesino en serie en el Vaticano.

Su segunda novela, un thriller de aventuras ambientado en la actualidad, Contrato con Dios, se publicó en varios países del mundo.

Su tercera novela, El emblema del traidor recibió el VII Premio Internacional de Novela Ciudad de Torrevieja en septiembre de 2008 (premiado con 360.000 euros).

En 2012 escribió La Leyenda del Ladrón que trata sobre la Sevilla en el siglo XVI.

Su quinta novela, El Paciente, está en vías de adaptación en Hollywood.

Todas sus novelas se publican en más de cuarenta países, se han convertido en bestsellers mundiales y han conquistado a millones de lectores.

Trabaja con la tranquilidad de la noche y tiene algo de romántico para incrustarle un brazo a un monitor Apple y ponerlo en posición vertical, para trabajar con la página que verían sus lectores de libros en papel.

Cibermilitante en favor de una red abierta y de otro modo de entender la propiedad intelectual en los nuevos tiempos digitales, tuvo un mediático encontronazo en Twitter con el cantante, Alejandro Sanz.

Sus obras

Narrativa

El paciente (Planeta, 2014)

La leyenda del ladrón (Planeta, 2012).

El emblema del traidor (Plaza & Janés, 2008) (Premio Ciudad de Torrevieja).

Contrato con Dios (Plaza & Janés, 2007).

Espía de Dios (Roca Editorial, 2006).

Literatura infantil y juvenil

Otras Voces (Alfaguara, 1996), coautor

No ficción

La Masacre de Virginia Tech: Anatomía de una mente torturada (El Andén, 2007).

Premios

  • Premio de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, en 1996 por el relato "Lágrimas".

  • Premio de Literatura Juvenil Los nuevos de Alfaguara, en 1997 por "¿Por qué, sr. Valverde?"

  • Premio de Libreros Noruegos por "Espía de Dios" en 2006

  • "Mejor Debut", International Thrillers Writers Association, por "God's Spy" en 2007

  • "Libro del año" elegido por los lectores de la revista finlandesa Paikkä, por "Contrato con Dios" en 2007

  • Nominado al Premio Silverio Cañada por "Espía de Dios" en 2007

  • VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008

Web del autor

http://juangomezjurado.com/

Sus palabras

Aspectos personales

Escribo desde los cinco años, dicen mis padres. Haciéndolo en serio y con consciencia de ello, desde los 16.

Me encantaban los cuentos que me contaba mi  padre, porque se los inventaba él. Siempre cogía un libro de la estantería, y me leía. Cuando crecí, descubrí que el libro que cogía era El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer. Tomaba el libro sólo para justificar su historia, porque si a un niño le dice que te estás inventando el cuento, te hace cambiarlo...”

Yo soy un enamorado de la literatura. Aprendí a leer con Julio Verne, pero con 14 años leí Los pilares de la tierra. Cuando terminé, pensé que yo quería hacer cosas como esas. Evidentemente era una idea demasiado ambiciosa. Cuando conocí a Ken Follett, me dio la enhorabuena por tener un sueño y luchar hasta conseguirlo. A mí se me caían las lágrimas.”

“Lo peor que le puede ocurrir a un escritor es olvidarse de que antes de escribir fue lector.

“Tengo poco tiempo libre  porque debo dedicarlo a mis dos hijos. Pero mis aficiones favoritas son el cine, los libros y los cómics. Claro que con esas actividades no es como si realmente dejase de trabajar, porque todas ellas te acaban llevando a tus propias historias. La única afición que se aleja un poco de eso es la fotografía, que puedo practicar mucho menos de lo que me gustaría.” 

Mientras escribía El Paciente me enteré, a mis 36 años, que fui adoptado de niño. Descubrí cosas que han afectado a mi escritura y me han hecho plantearme quién soy y de dónde vengo. Me bajaron las defensas y llegué a encontrarme muy mal. Me obsesioné con la historia y llegué a identificar a la niña secuestrada con mi propia hija.”

“Soy un escritor muy lento, que es otra de las cosas que mis editores llevan mal. Hacer que algo parezca fácil es extremadamente difícil. Y luego además surgen sorpresas. En El Paciente, por ejemplo, aparece el tema de la adopción y, precisamente escribiéndolo, descubrí que era adoptado. Así es. Todas esas cosas, contadas en la novela a través de flashbacks desde el corredor de la muerte… Bueno, pues todos esos pequeños detalles, para que funcionen como un mecanismo de relojería, hay que trabajarlos mucho, darles la vuelta, etc. Un trabajo, en este caso, de año y medio. Ojalá pudiera escribir una novela cada mes y medio como César Vidal. “

He vivido siempre rodeado de mujeres fuertes, mujeres que han sido capaces de llegar muy lejos con muy poco. Mi madre, que supera los 83 años, apenas puede leer bien, escribe con faltas de ortografía, es la persona que me crio. Yo nací en este contexto. Ella no creía en la magia de los libros, muy al contrario que mi padre, que era una persona para quien la imaginación era lo más importante (es la persona que más me ha influido en mi vida). Digo todo esto porque mi madre, con muy poco, consiguió hacer mucho, teníamos muy poco dinero, mi familia era muy humilde, y ella era capaz de sacarle partido al presupuesto día a día. Ríete tú de los ministros de economía, de Paul Krugman y Cristóbal Montoro. Esa voluntad de querer conseguir hacer las cosas bien aun cuando lo tienes todo en contra es lo que ella me legó y probablemente sea la lección más importante que he aprendido en mi vida. Esto creo que de alguna forma se traslada a las páginas de mis libros. No concibo una novela en la que la mujer tenga que asumir el papel de damisela en peligro o mujer florero, o de aquella que simplemente está para que el caballero de la brillante armadura la rescate.”

El éxito es cosa de los lectores, ellos te suben y ellos te bajan. Yo sólo tengo que trabajar.”

“A mí me gusta escribir lo que me apetece en cada momento, lo que vuelve un poco locos a mis editores.  A ellos les gustaría que hiciera siempre el mismo libro y cambiar el título y la portada para vender mucho, pero a mí me apetece escribir nuevas historias y sobre todo lo que me atrapa.”

Mi forma de escribir es muy visual y concisa. Quiero que las imágenes lleven al lector a las diferentes situaciones que planteo con claridad. Siempre prefiero describir a través de imágenes concretas y es algo que los lectores agradecen muchísimo.”

Trabajando, tengo mucho ego, necesito creerme que voy a hacer algo de puta madre. Como persona, estoy lleno de inseguridades.”

Twitter es una herramienta fantástica, pero también es muy peligrosa. Es muy vibrante y a la vez es muy caliente. Es posible que te enciendas por un determinado tema que en un momento dado está en boca de todo el mundo, tomes una posición, y al día siguiente te des cuenta de que lo que has dicho se podía haber matizado, haberlo dicho tal vez de otra forma, o percibas que hay más aristas de las que fuiste capaz de ver en un principio. A veces yo me he equivocado —sintiéndome luego como un gilipollas—, y cuando lo he hecho tampoco me han dolido prendas en reconocerlo. Por eso digo que todo esto, con mesura y con calma. Al cabo del tiempo te puedes dar cuenta, a mí me ha pasado, de que un determinado tema era más complejo visto desde otros ángulos.”

“Twitter es casi un género, me divierte, no deja de ser un deporte con sus reglas.”

“La gente se cree que estoy todo el día tuiteando pero no, lo que hago es buscar tiempo para Twitter. Estoy en la cola del pan y es cuando encuentro tiempo para contestar a la gente o para poner a parir al ministro de Cultura. “

Leo todos los tuits que me mencionan, incluidas las críticas a mis novelas. Doy las gracias, aunque sea negativa y también si es positiva. Si hay críticas en blogs y demás es chulo, porque las más bonitas también las intentas retuitear, porque mola y porque sirve para que la gente te conozca. Persona a persona.”

“Yo entiendo Internet, como que hay una persona detrás, como una interacción personal, y twitter no es distinto, tengo la máxima de “trata a los demás como desearías que te trataran a ti.

Lo más bonito es que las redes pueden servir para lo que tú quieras.

Twitter me da la inmediatez, el cariño de la gente, la capacidad de interactuar y sobre todo que me lo paso genial. Tengo amigos a los que jamás he visto en persona pero a los que valoro tanto como a los que conozco desde hace veinte años.”

Me encanta dedicar libros, y cuanto más manoseados mejor. Sobre todo a los chavales de 15 o 16 años, que es la edad a la que los escritores deciden serlo. Me tomo mi tiempo con cada lector y les suelo dar mi correo electrónico para que me cuenten qué les pareció. Se aprende muchísimo de los comentarios de la gente, y suele ser un intercambio maravilloso.”

"Me divierte mucho que me escriban lectores y me digan que se han saltado paradas de metro o de tren leyendo mis novelas. Hace poco una chica me escribía un mensaje que decía “son las 2 de la mañana y tengo que levantarme a las 6 de la mañana. Te odio. “

Desayuno un cacao caliente con galletas untadas con mantequilla y mermelada de melocotón. Luego, cuando leo o escribo, me inflo a panchitos, kikos y refrescos”.

Me tomo las cosas en serio pero con humor, es tremendamente importante y para mí ha sido siempre mi forma de actuar: Tomarse en serio lo que uno hace y muy poco en serio a sí mismo. Nosotros no somos tan importantes pero nuestras responsabilidades sí.”

“La vida es un compendio de unión de fuerzas de hombres y mujeres.”

Los escritores somos gente normal que vamos a comprar al supermercado.”

“El humor tenía que ser un compañero esencial en nuestra vida siempre, tenía que estar más presente, teníamos que llamarle más por teléfono cuando hay algo que falla a nuestro alrededor.”

Uso un Kindle, aunque me siguen gustando mucho los libros en papel. Creo que deben convivir ambos formatos.”

“El libro electrónico, (que estoy leyendo en el teléfono, el Ipad, en el Kindle) nos ha dado una experiencia lectora más completa. Pero al fin y al cabo lo que es la experiencia lectora, la interacción lector -escritor es la misma.”

“Tengo un ordenador de sobremesa para trabajar, en el que hago todo. Y luego tengo otro, portátil para escribir, no tiene ventilador y el monitor puesto en vertical lo que me permite interactuar con la escritura tal como va en el libro real y como lo va a leer el lector. Ese ordenador no tiene internet y cuando estoy en procesos de creación, especialmente largos, utilizo una aplicación que me bloquea los puertos del ordenador y no hay internet en el tiempo que le has marcado, así consigo centrarme.”

Me encantan Harris, Follett y Sierra, son escritores estupendos a los que sigo como un avaro a su oro, como una madre a su hijo o como un dominguero el Marca del lunes. En cine, Spielberg. En música, me gusta todo.”

“Me gusta gente como Manel Loureiro (El último Pasajero), Javier Sierra (El Maestro del Prado), Pablo Nuñez (Las Hijas del César), Lorenzo Silva (La marca del meridiano) y Bruno Nievas (Realidad Aumentada), buenos amigos a los que respeto y leo con pasión. Extranjeros, soy un gran fan de Tolkien, de Stephen King y de Cormac McCarthy, aunque no tengan nada que ver con lo que yo hago. Y si no has leído "Espejismo" de Hugh Howey, ya estás tardando...”

“Lo único que yo pretendo es escribir divertido, enganchar y contar la historia.”

Una historia nace casi siempre por casualidad. Utilizando la mayor cantidad posible de esfuerzo, tiempo e ilusión (y cantidad ingentes de documentación), puede llegar a ser buena. Eso lo sientes en las tripas y luego te lo dicen los amigos.”

Me encanta la documentación, o tal vez sería mejor decir que no puedo vivir sin ella.”

Tanto mi mujer como mi agente, Antonia Kerrigan, me protegen mucho. Me mantienen al margen de las negociaciones literarias. Yo sólo me entero de todo cuando llega un contrato a casa para firmarlo. De ese modo, puedo dedicarme a mi familia y a trabajar. Mi preocupación ahora es hablar con los medios. “

“Con el paso del tiempo he conseguido centrarme en lo que de verdad importa, que son mis dos hijos. Cuando tienes que cambiar pañales cada dos horas te pones a ras de suelo rápido. Lo que sí que me encanta de esta situación es que me ha permitido dedicarme de lleno a lo que quería, que es contar historias.”

“Arturo Pérez-Reverte es un genio. Es una de las principales plumas de este país, un grandísimo escritor, un gran periodista y una persona que ha construido un personaje que a mí me parece honesto. Es decir, un personaje en el que él mismo se ha acabado convirtiendo porque, como decía Oscar Wilde, “cuando llevas mucho tiempo puesta una máscara, la máscara acaba convirtiéndose en la cara”. Arturo no ha cambiado de forma de pensar desde que es Arturo. Entonces, entiendo que eso es una forma honesta de trolear. No lo hace por llamar la atención, sino porque él es así.”

Los premios son como los Reyes Magos: todos sabemos que es un juego, nos lo creemos solo el 6 de enero. No podemos vivir el resto del año pensando que van a venir unos señores a dejarnos un regalo… Quiero decir que aceptaría el premio Planeta, claro que sí, no me dolería en absoluto.”

Como jurado, eso ya me costaría más… Sería asumir formar parte de un juego que todo el mundo sabe que no es exactamente tal y como nos lo cuentan.”

He escrito columnas para El Mundo, para el ABC, medios con cuya línea editorial no me identifico, pero no he dicho nunca nada con lo que no estuviera completamente de acuerdo. Creo que cada mensaje, o cada idea que quieres expresar, tiene que encontrar el mejor medio para que se difunda de la mejor manera posible, siempre y cuando no se venda al sistema.

Yo he tenido grandes peleas desde que soy columnista en medios de comunicación con los directivos de los periódicos, no les gustaba lo que yo estaba diciendo. De hecho, el famoso artículo de La piratería no existe se iba a publicar en La voz de Galicia. Lo escribí, se metió en página, estaba ya a punto de salir impreso, y entonces pasó por la mesa del editor, leyó el título, se lo leyó entero, y me dijeron que tal y como estaba escrito no podía pasar, que ellos no podían defender lo que yo estaba diciendo ahí. Siempre le había dicho al director adjunto de La voz que no iba a cambiar nada. Que era o como iba, como se lo hacía llegar, o a la basura, sin medias tintas. Actuar así me ha permitido tener el respeto de los directivos.”

“Ellos saben que no soy un tipo de columnista al que se le pueda decir “mañana tienes que escribir esto”. Hablo de ese columnista de base, que escribe lo que se le pida en un momento dado. Eso no va conmigo. ¿Resultado? Ese artículo no se publicó y yo, que tenía el texto quemándome en las manos, como no tengo blog se lo pasé a Eduardo Arcos. A él le gustó mucho el texto, lo publicó tal cual.”

“La repercusión que tuvo después ya es más que conocida: se leyó parte en voz alta en el Senado, llegó al Consejo de Ministros, aquel último del gobierno de Zapatero en el que el ministro José Blanco le dijo al presidente que jamás se podría aprobar la Ley Sinde porque la gente estaba en contra, esgrimiendo argumentos que leyó directamente del artículo.

Desde marzo de 2006, me dedico por completo a la escritura. Recuerdo el día... Yo trabajaba en el departamento de comunicación de una empresa, cuando salió Espía de Dios. El día que se lanzó el libro en España, yo me estaba subiendo en un avión para venir a Madrid, y me llamó Antonia Kerrigan, mi agente, y me dijo: “Juan, acabamos de vender tu novela en Estados Unidos”. Era el decimocuarto país en el que se vendía, pero es que en EEUU se traducen 50 o 60 novelas al año, sobre 70.000 títulos que publican...”

Al escritor que empieza le digo: escribe todos los días, lee todos los días, no dejes de intentarlo y espera lo mejor. No hay más. Por desgracia el primer libro que escribimos suele ser una auténtica basura, y te lo digo yo que perpetré tres de esas basuras antes de escribir mi primera novela. Eran malas, malísimas. Pero todas me sirvieron para algo: aprender. Hoy ya no existen, las destruí. No fuera a ser que algún desaprensivo se las encontrase cuando me muera. Resumiendo, no hay que tener miedo al rechazo, ni entristecernos por las negativas. A todos nos han rechazado manuscritos al principio, el problema es que muchos autores noveles se frustran pensando que no valen y no siguen intentándolo.

Lo primero es que leas lo que escribes en voz alta. Y sobre todo procura usar pocos adjetivos, frases más cortas, menos narrativa y más diálogo. Eso siempre es aplicable, hayas publicado o no. Estudia también las novelas de éxito, y entiende qué las hace funcionar. Cómo son sus esquemas narrativos, qué es lo que hace que vibremos con sus historias. No caigas en el victimismo de pensar que novelas como La Sombra del Viento o El Tiempo entre Costuras son fruto del marketing o los intereses editoriales, porque no es cierto. Y por último, y lo más importante: decide para quién vas a escribir. Si es para tu mamá ("Mira mi hijo, qué cosas más bonitas que escribe sobre el espíritu de las golondrinas") o para hacer felices a muchos lectores escribiendo las historias que no se han contado nunca.”

Enseña tu novela a tus amigos y menos amigos, para asegurarte de que les gusta y que les divierte. Después prueba a mandarla a las editoriales, a ver si hay suerte. ¡Mucha paciencia!”

El trabajo de escritor es asumir las vidas de otros y narrarlas. Cedes un poco tú y ceden un poco ellos.”

Suelo leerme las novelas de una sola sentada si no son muy largas. Los pilares de la tierra lo he leído seis o siete veces, no sé cuánto tiempo me llevó. 'El señor de los anillos', lo he leído 16 veces.”

“Yo he vivido en EEUU y además he estado en Washington varias veces, una ciudad fría y deshumanizadora que encajaba muy bien en el contexto de mi novela, El Paciente. Cuando pones a los personajes contra un fondo como ese, acabas viendo cómo son de verdad, y cómo son sus reacciones ante la presión exterior. En el caso de la ambientación lo más difícil ha sido meterme en la cabeza de un médico como David… ¿sabes la diferencia entre dios y un neurocirujano? Que dios sabe que no es neurocirujano. Y además en esta ocasión, el hombre debe relativizar la diferencia entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal… porque en el fondo debe elegir entre dos males. Lo realmente complejo fue tratar la personalidad del neurocirujano, tuve que ir a operaciones, ver como se abre una cabeza, hablar mucho con ellos.

“Separo mucho la marca (“el escritor”), la obra y la persona: el escritor, que se dedique a escribir y mejorar; la obra, que reciba todas las críticas y elogios, porque no le duele, y la persona, que vaya a recoger a los niños del colegio o lo que haga falta. Además es mi forma de ser. No voy a actos sociales, soy tímido. Y vivo en Santiago de Compostela, alejado de todo.”

“Los que somos normales aceptamos la crítica de forma sosegada. Te das cuenta que la criticas mejores son las desmimetizadas, y son las que más me enseñan. “

Durante seis meses estoy metido hasta las narices en la cultura y los temas de la novela en la que estoy trabajando, sin escribir una sola línea. No pretendo convertirme en un experto en el tema (abusos infantiles, islamismo...) durante ese periodo, sino comprender donde están las claves que mueven a los personajes. Es un poco como el método Stanivslaski pero con menos aspavientos. Así que suelo leer unos 130-150 libros, viajar a los lugares de los que voy a escribir, hacer entrevistas a personas corrientes que se parezcan a mis personajes...

Presentar mi novela al Torrevieja fue idea de mi mujer. Yo no pensaba que fuera a ganar, pero cuando me llaman por teléfono para decirme que estaba entre los cinco finalistas, me pasé la noche temblando. Lo mismo que la noche del fallo, que llegué a encontrarme mal de los nervios.

“El otro día me llegó una traducción de Contrato con Dios al coreano. Llamé a mi agente en Corea del Sur y le preguntaba cuál era mi nombre y cuál era el título, porque no podía reconocer ni mi nombre de la portada. Es increíble ver que a miles de quilómetros hay gente que te está leyendo, con una cultura diferente y que nunca conocerás.”

“Creo que habría que plantear un debate entre industria, creadores y los canales de distribución para ver cómo nos adaptamos al nuevo milenio. Estamos en un tiempo de cambios y es necesario que los actores y protagonistas del negocio literario se reúnan para ver entre todos cuál es la situación y hacia dónde camina el futuro.”

“Creo que es el lector el que tiene que decidir dónde y cuándo quiere leer y es los escritores los que deben tener la mayor cantidad de herramientas para poder hacerlo.

“La vida no se trata de una decisión que tú tienes que tomar en un único momento; se compone de pequeñas decisiones sobre una gran decisión.

“Yo creo que en la vida todo se acaba resumiendo a una cosa. Tú eres una persona que tienes a otra persona enfrente, y esa persona puede ser un lector en una librería o podemos ser tú y yo, que estamos charlando aquí tranquilamente, o puede ser una persona que está al otro lado de una red social. Pero lo que hay entremedias, no deja de anular el hecho de que tú lo que tienes enfrente es una persona. Tan sencillo como eso. Si tú tratas a esa persona como una persona, obtendrás un resultado de persona. Hay que comportarse en twitter, y en todas partes, como en la vida; igual que vas a un restaurante y pides las cosas con educación, esto es lo mismo.”

“No somos capaces cuando nos comunicamos con otros de transmitirles las sensaciones que provocan instantes tan sencillos e íntimos como tener a tu hijo en brazos, darle un beso y sentir que quieres protegerle para siempre. Se puede decir, pero no es igual que vivirlo, y nunca existirá un escritor lo bastante grande como para hacerte vivir ese momento. En este caso tengo una agente, Antonia Kerrigan, que es estupenda y que ha hecho un gran trabajo con mis libros y con mi figura como escritor.

Sigo pensando que soy un muchacho joven, aunque cuando escribí Espía de Dios ya llevaba una década trabajando como periodista y era padre, así que algo de experiencia vital tenía. De todas maneras, hoy soy incapaz de releer mis primeras novelas, lo único en lo que pienso es en escribir una mejor que la anterior y me doy cuenta de que cada día aprendo algo distinto que se vuelca en los libros.”

“¡Gente que, como yo, (he nacido en Moratalaz)! pertenecemos a una década en la que un grupo de autores españoles han puesto pie en mercados exteriores donde están tremendamente bien valorados. Y eso es bonito. Yo defiendo, y llevo a gala, que se puede hacer literatura de entretenimiento, de evasión, pero con muchísima calidad.” 

“A mis editores les pone bastante nerviosos. Siempre están preguntándome: ¿Qué vas a hacer ahora? Y les digo, pues ya lo veréis, no me presionéis. Yo tengo que contar la historia que a mí me está emocionando, una de las muchas que me rondan la cabeza. Haciendo el otro día cuentas con mi editora, nos salían 19 argumentos. Bien, pues luego, desde las historias que me emocionan, claro que pienso en el signo de los tiempos.” 

Recibo llamadas frecuentes recomendándome que no haga manifestaciones tan claras. Como que a determinado director de un periódico del grupo en el que publico no le dé tanta caña. Ellos sabrán. Yo nunca me he cortado. Por ejemplo, si se está pagando en el mercado digital un 25% al autor cuando se puede llegar a un 50% como empieza a ocurrir en otros países, yo no me callo, tenemos que evolucionar. Estamos como en la Revolución Industrial y no podemos tratar a los obreros como en el siglo XIX porque hoy los obreros tienen la fábrica a un click de distancia. Pueden autopublicarse por ejemplo. No soy el único que mantiene esta beligerencia, ahí está también, por ejemplo, Lorenzo Silva. Fíjese que los que daban voces y nos insultaban hoy se han ido a salvar el Ártico porque aquí no les queda que rascar.”

Una película. Leyendas de pasión.

Una canción. Who's Go Ride Your Wild Horses, de U2.

Una prenda de vestir a la que le tengas especial cariño. Me encantan los polos. 

Un diseñador de moda. Abercrombie & Fitch.

Una ciudad. Santiago de Compostela y Nueva York, no me quedo con una.

Un viaje aún por realizar. Australia y Nueva Zelanda, todo ese “continente contrapeso” que hay ahí abajo...

Un personaje de ficción. Indiana Jones.

Una comida. Los huevos fritos con patatas.

Un restaurante. Rubaiyat, en Madrid.

Una tienda. A donde más voy es a Zara, pero mi tienda favorita del mundo es la de Abercrombie & Fitch de la Quinta Avenida.

Un momento del día. Cuando todo el mundo se ha ido a la cama y me dejan leer.

Aspectos profesionales

La leyenda del ladrón está ambientada en los años perdidos de Shakespeare, momento en el que no sabemos dónde estuvo. Yo quise imaginar que pudieron coincidir, aunque lo único que sabemos de cierto, es que Shakespeare escribió una obra después de leer El Quijote, obra que se perdió en el incendio del Global Theatre. Convertirlos en personajes ha sido muy divertido porque me he fijado en su faceta humana y de aventureros más que en la de leyendas literarias.”

“Lo más difícil a la hora de escribir La leyenda del ladrón ha sido recrear la Sevilla del siglo XVI de forma que hubiese una inversión total del lector en la novela, por eso he tardado cuatro años y casi 16.000 horas.

"El novelista trabaja con muchas mentiras para contar una gran verdad. "

“Todo el mundo cuando escribe quiere llegar a la mayor cantidad de gente, pero la primera vez creí que no me leería nadie y seis meses después ya se había vendido a no sé cuántos países, pero eso es mérito de mi agente y las editoriales con las que he trabajado. Yo quiero que me lea la mayor gente posible.

“El envoltorio de la historia de El Paciente puede parecer muy ..., ¿cómo decirlo? ¿Algo poco original? La elección entre la vida de la hija o la vida del presidente parece poco original y sin embargo... Eso era lo que quería, porque hay una cosa que está en mi cabeza desde hace tiempo y es convencer a la gente de que el hecho de que una novela sea de género no significa que eso no pueda tener calidad. Se puede levantar el material de algo que parece fácil y convertirlo en algo distinto y El Paciente lo es. No hay que buscar la originalidad, todo está contado,  ¿la diferencia es el cómo? Fíjate si es poco original que ya aparece en la Biblia: se lo plantea Dios a Abraham. Las historias están todas contadas. También me importa contar aquello que sea relevante para hoy. Si lees hoy la historia de Abraham y su hijo Isaac, y lo trasladas, te das cuenta de que también es una elección entre lo personal y lo familiar. Si lo transformas en esa dicotomía entre la familia y lo profesional, lo público y lo personal, lo llevas a los dilemas de hoy. Eso hace que el material sea muy relevante. Esa elección entre trabajo y familia llevada al extremo, pero en un modo más 'light' ¿apuesta esta sociedad por el trabajo en esta dicotomía? Dínoslo a nosotros, los periodistas. La gente sin haber leído el libro dice: sin dudarlo mi hija sería lo primero.

“En cuanto a los personajes en los que me baso, suelen provenir de fuentes muy diversas, desde gente a la que conozco a otros con los que me encuentro por la calle. En el caso de El Paciente, para el personaje protagonista me inspiré en un neurocirujano real, un español llamado Rodrigo Pedrosa, que es una auténtica máquina. Su personalidad, sin embargo, es mía... Ese humor negro y esa ácida visión del mundo son muy míos.”

“Las claves son: Inteligencia, trabajo, talento y suerte. Sin inteligencia, el trabajo no rinde, sin talento no brilla, sin suerte nada se logra.

“Hay escritores de brújula y hay escritores de mapa. Yo soy de los segundos, me gusta tener un esquema claro de lo que voy a hacer antes de comenzar, por eso dedico un mínimo de un año a la planificación y documentación de una novela, o tres como en el caso de La Leyenda del Ladrón. Pero eso no quita que después puedas dinamitarlo en cualquier momento, una vez que te has hecho con la historia y ella contigo.”

“También escucho mucho a los lectores que me escriben a @JuanGomezJurado en Twitter o a mi email, que muchas veces son más sabios que cualquier crítico.”

“La verdad es que he tenido mucha suerte, no es lo habitual, y cada día me despierto pensando que esto sigue siendo un sueño. He publicado 5 novelas y un libro de no ficción, y estoy muy contento con poder hacer lo que me gusta y que encima me paguen por ello.

“Sigo considerando la de periodista como la profesión más bonita del mundo.

Me gusta contar historias, es algo que hago desde pequeño. Me gusta ver cómo los demás reaccionan ante ellas, se emocionan, ríen, lloran... Es una maravilla recibir el correo de los lectores y revivir con ellos las emociones que tú has intentado hacer brotar peleándote con el teclado.”

Soy muy impaciente para casi todo. Las personas no somos islas. Mientras escribo suceden cosas en mi vida y se mezclan. Mi historia se transforma por esta información que recibo.”

“Es mi única norma personal: que nadie se aburra. Mi prioridad es el lector y mi religión, que se lo pase bien. Lo mejor que me pueden decir es que se han pasado la parada de metro leyendo mi libro.”

“Ahora la gente me pide reportajes novelados.  Una cosa contagia a la otra. Así no le pasa como a escritores que se quejaban de que el ejercicio continuado del periodismo dañaba su estilo como escritor... A veces los escritores tienen pose y afectación. Ese rollo del escritor torturado podemos dejarlo atrás. Habiéndolo pasado mal con este libro como lo he pasado, no me he bebido una copa entre semana así me maten. Prefiero salir a correr que me va a limpiar mejor la cabeza.

“Mi sueño infantil decía: yo de mayor quiero ser periodista. Me preguntaban por qué, y a mí que me parecía obvio, decía, pues como Clark Kent. Hay gente que nacemos para contar historias. Un escritor no sólo ve las historias, descorre un poco más la cortina de la verdad y lo cuenta. El novelista trabaja con un montón de mentiras para contar una gran verdad. El periodismo no puede hacer eso.

“Mi forma de construir historias siempre es visual. Pero no es que imaginase una película, sino que la estructura responde a las 63 horas que se relatan (El Paciente). Lo difícil era encontrar una estructura lo suficientemente compacta y directa que sirviera a esta historia. Ese es el reto.”

No suelo escribir escenas de sexo muy explícitas. Me sale así. Hay muchos lectores que me piden más escenas de sexo. En este caso tampoco tenía lugar. La historia no lo pedía y es lo importante.”

Mi propia condición es como la de David Evans en muchos sentidos y eso me dejó bastante roto. Al final de la novela enfermé, cogí una neumonía, en parte porque las últimas cinco semanas no paré de escribir ni para comer ni para dormir. La última versión me salió de manera brutal.”

“Estaba en un momento de conflicto vital bastante duro. Mi padre estaba gravemente enfermo y yo me enteré entonces de que soy adoptado. Para mí fue muy complicado. Canalicé muchas de esas cosas a través del protagonista. En cierto modo, sus sentimientos eran para mí como un grito de auxilio. Pero eso no es lo importante.”

Mi objetivo era plantearle al lector, desde los sentimientos: tú qué harías en esta situación..., capítulo a capítulo. Qué harías si tuvieras un tumor mortal, qué harías si tuvieras que conseguir una pistola rápidamente. Además todo esto le pasa a un personaje como David, con un ego descomunal… lo cual es un poco triste porque acabo de decir que era un poco yo.”

Hay un mensaje contra la piratería en el epílogo. Es una broma para mis lectores más fieles. “si te lo has bajado de internet me debes pasta por todas las horas que he pasado entreteniéndote, amigo”. Aquí me hubiera gustado que David Evans pusiera un emoticono. Punto y coma, y la sonrisita. ;) “

“Creo que para ganarse la vida escribiendo lo que hay que hacer es saber escribir bien, para empezar; ser capaz de contar historias que lleguen al corazón de las personas. De una forma o de otra, con propuestas más o menos válidas. Se puede conquistar el mercado desde el más absoluto anonimato. Estoy pensando, por ejemplo, en Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, que es una trilogía que a mí me parece bastante mala, pero que ha conseguido lo que nadie había conseguido antes de ella. Y desde el anonimato. Creo que la fama no es lo que tiene que definir a un escritor, creo que es algo que acaba llegando si eres capaz de demostrar que tienes unas ciertas capacidades. Además, es un accidente incómodo.”

“Yo he reaccionado a veces por impulsos, como el popular #1libro1euro, que surgió de un pronto. Estos impulsos son reacciones a un contexto que lleva mucho tiempo preocupándome. Ante un statu quo de sinsentido constante ―en este país, y por lo que respecta a derechos de autor, dura ya casi una década― un día saltas. Eso es lo que me ocurrió a mí. Es una reacción inevitable. Y, luego, el famoso artículo La piratería no existe llegó hasta el Consejo de Ministros.”

No creo que el mundo editorial se haya decidido a evolucionar aún, lo que creo es que están empezando a dar los primeros pasos en la dirección correcta. Además, una comunidad no justifica a un escritor. A un escritor lo único que lo justifica es su obra.

“Muchas veces la gente te dice: “Tú has vendido x libros en el mundo, tienes que ser millonario”. Entonces, les explicas, “no, mira, las cosas no son exactamente así; por libro en papel es un 10% del PVP (precio de venta al público) sin IVA y de ahí el 10% va destinado a mi agente. Lo cual quiere decir que la editorial, sobre esos 22 euros que cuesta el libro se lleva más o menos siete euros de beneficio; hay que tener también en cuenta a la distribuidora. Este sistema de distribución no demasiado justo —o asimétrico, mejor— está justificado desde la industria por el hecho de que ellos hacen toda la inversión. Sin embargo, cada día que pasa empieza a entenderse más el esfuerzo del escritor, del creador, ya no solo para llevar a cabo el proyecto, sino para involucrarse en su promoción. Con lo cual, día tras día, empiezan a cuestionarse los números que se mantienen actualmente. De hecho, la gran negociación, la gran batalla del libro electrónico en todos los países, es que se cambien estos números.

“Ahora en e-book las grandes editoriales ofrecen el 25%, y los agentes están luchando para que se llegue al 50%. Eso dejaría al autor con la parte más grande del beneficio, lo cual tiene bastante sentido, a la editorial con un beneficio más pequeño, de en torno al 20%, y al gran distribuidor, es decir, Apple o Amazon, con un 30% de las ganancias por poner el sistema en marcha. Obviamente, la gran industria esto no lo mira con buenos ojos; será el caballo de batalla de los próximos años.”

“Tengo el principio de que cualquier opinión que sea interesante es susceptible de ser compartida con los demás, y me explico: si alguien me escribe por Twitter diciéndome “me ha encantado tu novela, he disfrutado al máximo con los personajes, he vibrado con cada una de las situaciones…”, es normal que yo lo retuitee, porque me gusta (aunque es cierto que no lo hago con todos; siempre tienes que cortarte un poco; de otra manera las redes se convertirían en una autofelación continua).”

“Ahora bien, esto no es solo para lo positivo. Cuando Kindleman dijo que no está de acuerdo en absoluto con el precio al que la editorial había sacado La leyenda del ladrón, en un post incendiario, exponiendo los motivos por los que no estaba de acuerdo, me pareció interesante y lo retuiteé a pesar, ya digo, de no estar de acuerdo con él, con su manera de plantear las cosas. Así que a mi vez le dije eso en los comentarios de ese post y le expliqué que, en primer lugar, no me había pasado a la gran editorial, llevo toda mi carrera trabajando con editoriales comerciales, que mucha gente crea que soy un autor autopublicado es un error (antes de estar con Planeta estuve con Plaza y Janés, que es la segunda editorial más grande de este país). Lo que ocurre es que he tenido la inmensa fortuna de poder conservar los derechos digitales de mis obras, simplemente porque cuando firmé mis contratos anteriores había un vacío legal que me permitía conservarlos. Dentro de este marco yo pude —tuve esa posibilidad— ser el primero que se atrevió a jugar con los precios de las novelas y así poder demostrar que había otras formas de hacer las cosas.”

“Los directivos de grandes editoriales se encuentran muchas veces con que son capaces de ver el toro, que son capaces de sentir el toro, ver sus pisadas en la arena, e incluso de darse cuenta de que tienen el capote en las manos, pero lo que no está claro todavía, lo que no saben aún, es cómo torearlo. No me gustan los toros, de paso. Pero el símil vale.

“¿Es posible que un escritor se autoedite en nuestro país? Completamente posible. ¿Es posible que todos los escritores se autoediten en nuestro país? Eso es inviable. Porque no todos tenemos la misma edad, ni las mismas inquietudes, ni las mismas capacidades para llegar al público en la forma en que el público lo está demandando actualmente. Por eso, durante mucho tiempo aún, tendrán que seguir existiendo las editoriales para realizar ese trabajo que aún muchos escritores no saben hacer. Quiero decir, yo no soy mejor escritor por el hecho de ser capaz de llegar a mucha gente a través de las redes sociales. Eso es una herramienta, que es útil, que a mí me permite hacer algo muy en sintonía con mi forma de ser; me gusta la gente y me gusta estar en contacto permanente con ella. Ahora bien, esto no me hace ser mejor autor, no me justifica como escritor.”

En el momento en que haya un parque de libros electrónicos suficiente en nuestro país, en el momento en que haya una cultura suficiente de compradores de libros electrónicos, en ese momento, digo, un escritor profesional, un escritor como yo, que tiene que pagar la factura de gas, el teléfono, que vive de lo que escribe, podrá decir “mi próxima novela se va a publicar ya de esta forma”. Mientras esto ocurre, podemos jugar a ir introduciendo esos elementos. Esa es la responsabilidad del escritor. “

“En cierto sentido tenemos que hacer avanzar la tecnología, las formas de llegar a la gente, para garantizar que el día de mañana nuestro público va a seguir ahí. Los que vemos cómo van a trascurrir las cosas en el futuro somos los que tenemos la responsabilidad de preparar ese futuro, de hacer que llegue, y que cuando lo haga no sea de forma en que la gran industria le gustaría, sino de la forma que sea más justa para los intereses de todos.

“Obviamente, en el caso de mi última novela, no podía ser. Tenía que escoger: o la publicaba por cuenta propia y me la jugaba, o accedía a jugar al juego de las editoriales desde dentro, publicaría en papel y los derechos digitales los tendrían también ellos, pero pidiéndoles que los precios se ajustaran a la forma en que yo veía las cosas. Esto provocó un debate interno en Planeta asombroso. Aquellos ejecutivos de la editorial que estaban de acuerdo conmigo, cuyos nombres no puedo citar, se plantaron en los grandes despachos para decir “por qué no probamos a hacer las cosas de otra forma”. Y la respuesta fue un “sí, pero no”. Es decir, los libros, antes de La leyenda del ladrón, se estaban publicando a 13 euros como precio de salida. Estamos hablando de los grandes lanzamientos. Así que un megalanzamiento como este tenía que haber salido a un precio mucho más caro que los 9,49 a los que conseguimos que saliera. Todo hay que verlo en perspectiva. A partir de esto, los libros comenzaron a publicarse a otro precio, bastante más bajo. Fue, digamos, la raya en el suelo. Piensa, por ejemplo, en el último libro de Ken Follet: lo han publicado a 17,90 euros en Plaza y Janés en digital. Es un sinsentido absoluto, una invitación a que cualquier persona que vea el título del libro lo busque en Google y tenga una copia en un par de minutos, sin pagar ese dinero. Es decir, justo en sentido contrario a por dónde queremos ir.”

“Voy a hacer un inciso aquí para contar cómo terminó esta historia. Y acabó con que, debido a haber abierto aquel debate, Kindleman, que tuvo una actitud muy noble, se dio cuenta de que las cosas no eran tan extremas como él había pensado en un principio, que había más ángulos desde donde poder ver toda esta historia. Todo no es blanco o negro, el hecho de que tú estés intentando empujar la industria hacia un determinado sitio no quiere decir que te tengas que inmolar en una gran bola de fuego para conseguir avances. Detrás de una idea está la persona que la enarbola y que tiene que intentar vivir dentro del sistema. Así que él cambió de opinión y, sorprendentemente, la gente apoyó lo que yo había hecho e, incluso, en los foros de Internet donde se cuelgan novelas piratas, se llegó a pedir por favor que no se colgase mi novela, al menos durante un tiempo (algo en lo que yo también tuve que ver). El resultado es que en estos momentos hemos generado un debate que trasmite un mensaje que está empezando a calar dentro de las mentes que son capaces de cambiar la industria editorial de este país.

“Cuando se publicó en Estados Unidos Espía de Dios una de las primeras críticas que me llegaron fue una del Kirkus Reviews, que es una revista centenaria muy dura con la literatura mainstream, en la que el crítico venía a decir que ojalá se me cayesen las manos para que dejara de escribir. Al día siguiente me llegó una de USA Today en la que decía, textualmente, “una novela brillantemente escrita que marca un nuevo estándar de oro para los thrillers”. ¿Con cuál de las dos te quedas? ¿Eres un inútil o eres un genio? Evidentemente, ambas estaban equivocadas. Cada escritor tiene que ser consciente de lo que él hace y de lo que él quiere hacer, de a lo que él aspira y de a lo que él puede aspirar.

“He comentado que jamás sería capaz de escribir una novela como El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas, que es una obra maestra, o no podría escribir tampoco Tu rostro mañana. Al mismo tiempo dudo bastante de que Vila-Matas o Javier Marías pudiesen escribir La leyenda del ladrón. Esto ―el no tener la capacidad de llegar al gran público o de ser más entretenidos o divertidos― no les hace a ellos menos escritores, ni me hace a mí menos digno por no ser capaz de escribir algo que está completamente fuera de mis intereses y capacidades.”

Uno de los grandes problemas de España es que la gente se toma demasiado en serio a sí misma y muy poco en serio lo que hace, cuando debería ser al revés. Cuando abordo una novela la abordo con total honestidad y me esfuerzo al máximo, me dejo la piel en cada página, intento que cada novela que hago sea la mejor novela que puedo escribir en ese momento; por eso soy consciente de que La leyenda del ladrón es mucho mejor que mis anteriores novelas. He procurado que el músculo que he ido desarrollando como escritor me permita llegar cada vez más lejos. Si en lo único que yo pensase fuese en ganar dinero, cuando terminé El emblema del traidor en 2008 hubiese inmediatamente publicado otra en 2009, con el mismo esquema argumental de thriller, etc.”

“Cuando se me ocurre la historia de La leyenda del ladrón me doy cuenta de que era una idea muy grande a la que yo como escritor no podía hacer justicia en ese momento. Por eso he tardado cuatro años en escribirla, he sudado cada página, reescrito, vuelto a reescribir, intentando hacer lo mejor de lo que yo era capaz.”

“No estoy de acuerdo con que la crítica lo haya recibido de una forma mala. Es más, las críticas de la novela han sido muy buenas porque me parece que la crítica literaria de este país ha cambiado muchísimo en los últimos tres años. De repente los críticos empiezan a ser más honestos con las cosas que hacen o escriben y se dan cuenta de que una novela como las que yo hago, cuyo principal propósito es entretener, no puede ser juzgada con los mismos baremos que una novela que está destinada a expandir los límites del lenguaje y de la literatura como puede ser una novela de Enrique Vila-Matas.”

Amazon tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Dentro de las cosas buenas está el que por primera vez en quinientos años se han aportado al autor las herramientas para que sea capaz de sobrevivir por sí mismo, de crear una obra, publicarla y vivir de ella sin necesidad de intermediarios. Y lo ha hecho de una forma que no solo ha defendido la dignidad del escritor, sino que ha creado millonarios de la nada, como es el caso de Amanda Hopkins, o como es el caso de E.L. James o John Locke, gente que nació al calor de la autopublicación y que ha logrado crearse un nombre y un público gracias a las posibilidades que ofrecía el nuevo sistema. Esa es la parte buena (le podemos añadir que, al cuestionar cómo se estaban haciendo las cosas obliga al sistema a evolucionar; es decir, las jirafas que mutaron desarrollando un cuello más largo podían comer más hojas de acacias que las que no).”

La parte mala de Amazon es que, obviamente, todo esto está afectando a muchos pequeños libreros que dentro de 15 o 20 años no van a ser capaces de sobrevivir porque el monstruo se los va a comer; lo cual es muy criticable también. Nosotros podemos defender el nuevo sistema, pero vamos a obligar a estas pequeñas empresas a reinventarse. En ese proceso de cambio va a haber gente que se quede por el camino, vidas que van a ser arruinadas por este cambio. Es hacia dónde vamos, no queda otro remedio. Así que podemos defender el cambio, pero con responsabilidad, con la responsabilidad de conocer todo lo que este cambio implica.”

Tengo contacto con los directivos de Amazon en España y he conocido a los directivos de Amazon Europa, y a los responsables de la plataforma Kindle en el mundo a través de entrevistas, etc, y he compartido con ellos ideas. Ha sido muy constructivo. Ellos saben muy bien quiénes son y saben muy bien cuál va a ser el papel que van a jugar; saben también que para mucha gente son el gran ogro, en este teatro de máscaras ellos han tenido que asumir el papel del polichinela, aquel que cambia las reglas de juego (en la comedia del arte; el polichinela es como el Joker de Nolan, está ahí para que todo cambie); ellos no son ni malos ni buenos, es el papel que les ha tocado interpretar en este drama.”

“Yo creo que algo verdaderamente interesante es ver a un profesional haciendo bien su trabajo. De ahí que resulte sugerente ver a los protagonistas enfrentarse a los dilemas que les van surgiendo, y que son difíciles de manejar. Ponerme cerca de un cirujano también me sirvió para hacer que todo resultase más creíble, aunque a veces alguna de sus intervenciones me provocase rechazo. El que un escritor sea muy curioso en la documentación del tema termina transmitiéndose en el libro.

“Tengo recuerdos muy buenos, más que de la librería en sí, de Juan Carlos Febrero, que es la persona que me contó esta historia de El emblema del traidor; es un idealista, un enamorado de los libros, alguien que durante muchos años creció con un emblema masónico. Durante toda su infancia estuvo en un cajón en el dormitorio de sus padres. Me contaba que cuando se lo ponía e intentaba imaginar la historia que había detrás de ese emblema sentía como si le diese superpoderes, se sentía muy poderoso. Y el emblema no dejaba de ser un trozo de oro, con un diamante encima, pero lo que importaba no era eso, sino la historia que había detrás, cómo había llegado a su familia. Era esa historia tan mágica, tan maravillosa… Tenía que contarla. El escritor tiene que partir de la humildad de entender que la historia viene a él, que se la encuentra y tiene que ser capaz de hacerle justicia.

"La novela La leyenda del ladrón  en sí parte de una idea, la de qué ocurriría si los dos autores más grandes de la literatura universal se hubieran conocido, cómo se hubieran afectado el uno al otro. Cuando me enfrenté a esta idea me di cuenta de que por más atractiva que fuese esa no era mi historia; mi historia tenía mucho más que ver con nosotros y con la concepción del mundo que están intentando inculcarnos que con lo que yo me había imaginado en un principio. Me explico; en el mundo en el que vivimos se nos intenta meter por los ojos la idea de que si las cosas salen mal, que si las cosas no pueden ser de otra forma, si no pueden ser mejores, es por culpa de los grandes números. Lo cual es una soberana gilipollez. El cambio ha de empezar por uno mismo, persona a persona. Dicho esto, cuando me enfrenté a La leyenda del ladrón me di cuenta de que lo que más me importaba de esa historia no eran Cervantes y Shakespeare como leyendas literarias.”

“Cuando la historia comienza a crecer en mi cabeza y yo empiezo a documentarme durante los tres años que me lleva escribir La leyenda del ladrón, tenía en mente escribir una novela de aventuras. Sí es cierto que mientras la estaba construyendo veía paralelismos entre aquella época y la actual, aquella forma de engañar a la gente y de mal utilizar los recursos públicos, de gobernar de espaldas al pueblo. Todo aquello, claro, acabó reflejándose en la historia. Me sentí obligado a trasladarlo al papel. No era la idea original, pero según iba viendo esto me di cuenta de que tenía que estar presente de alguna forma en la historia. Me encontraba con el reto de que no podía hacerlo sin que resultara demasiado evidente. Por eso creo que es una novela que en función de quien la lea obtiene una respuesta emocional u otra.”

“Muchas veces la gente me traslada “he vivido en la Sevilla del siglo XVI, me has hecho sentirlo de verdad, como si estuviera allí”. Hay escritores que no son lo suficientemente honestos como para dar la única respuesta que se puede dar aquí. Y es que en realidad tú eres el responsable del 50%, del haberlo escrito, pero que es en la cabeza de quienes lo leen donde se produce el otro 50%. Eres tú, el lector, quien ha acabado de convertir las palabras en realidad con tus sinapsis neuronales y uniendo los conceptos dentro de tu cabeza. Eres tú quien ha sentido los olores y escuchado los sonidos, el galope de los caballos… La novela la hemos escrito a medias. Por eso te digo que un chaval que se acerque a ella se quedará con una novela de aventuras, y aquel que quiera buscar dentro de la novela los paralelismos con nuestro propio tiempo y la denuncia del poder como autoperpetuación o como manifestación de un egoísmo hedonista exacerbado, lo encontrará también.”

“Un dato que puede sorprender mucho a la gente es que, cuando una editorial extranjera te compra los derechos, tú sabes sobre ella lo que ellos te quieren contar. Un amigo mío, Alfredo Conde, premio Nacional de Literatura que vendía muchísimos ejemplares en Rusia, desconocía este hecho hasta que un día se presentó en Moscú durante unas vacaciones y se encontró con que su libro había vendido miles y miles de ejemplares, que todo el mundo lo sabía, estaba hacía meses en las listas de los más vendidos; cuando fue al editor a preguntarle por qué no le había pagado este le confesó que es que no tenía dinero. Lo que se pudo llevar como pago fueron unas latas de caviar en la maleta. Esto es algo que ocurre. En China incluso cambian el título, el autor… Por el propio hermetismo del sistema es imposible acceder a los datos concretos de ventas y demás.”

“En cuanto al éxito inesperado en Corea, la verdad es que no tengo ni idea de por qué fue. Los coreanos allá donde van se vuelcan mucho sobre sí mismos, como todas las culturas asiáticas. De hecho, cuando un coreano viaja a Estados Unidos solo se relaciona con otros coreanos, aunque lleve viviendo allí años. Es una sociedad tremendamente endogámica. Los negocios que montan son tintorerías, por ejemplo, donde el contacto con el público es mínimo: coges la percha, le das la percha. Entonces, supongo, lo que hizo Cho Seung-Hui en La masacre de Virginia Tech  les llamó la atención y tuvo mucha repercusión en todo el país. Fue además el único libro que se publicó sobre esto allí.”

“nnsDe documentarme no me he cansado, lo hago para cada novela. De hecho, es la parte que más me gusta hacer. Claro que no se le puede llamar a esto periodismo de investigación, que es aquel que accede a datos que no son del dominio público y que luego acaba trasformando la opinión de la sociedad o desvela cosas que no eran conocidas. Este tipo de periodismo no existe ahora en nuestro país.”

“Han sido 4 años de trabajo (La leyenda del ladrón) … Tuve la idea en enero de 2008, en un hotel de Lituania; fue un momento muy prosaico: estaba pensando en mis cosas, se había roto un radiador en casa y tenía que llamar al fontanero… De repente, se me ocurrió el final de la historia, fue como un flash. Me venían sensaciones puras, sin destilar: una espada entrechocando en un callejón, monedas de oro cayendo sobre el suelo de piedra de una iglesia, caballos corriendo por una muralla… Me levanté, y me puse a escribir. Bueno, luego se lo conté a mi mujer, y me dijo: “Pero, ¿tú eres lo bastante maduro como para escribir esta novela?”. ¡Claro!, dije yo. “¿Y para reunir toda la documentación que tienes que juntar?”. Aquí dudé… “Y por último, considerando el volumen de lo que vas a contar y la documentación que tienes que reunir, ¿eres capaz de garantizar a tus lectores que se lo pasen bien leyéndola?”. Y ahí fue cuando me di cuenta del desafío…

“En las novelas históricas al uso siempre hay una larguísima descripción y, después, un diálogo, pero si te está interesando la historia, te caes por esa descripción como por un tobogán: lo que te gusta es el diálogo, lo que le está pasando al personaje. Lo que he intentado es, para que el lector se introduzca en el contexto, que todo estuviese revelado a través de las acciones de los personajes. De lo único que me precio sin rubor como escritor es que mis lectores no se aburren. Es como una garantía: si no se divierte, le devolvemos el dinero.” 

Distingamos el mito del escritor de la realidad. Por mi método de inmersión, si hablo de una tahona, quiero saber cómo olía una tahona de entonces. Por lo mismo, quiero saber cómo se mueve una persona con esos trajes de época, he dado clases de esgrima histórica para entender cómo eran esos combates... Pero ya está. Es un juego, también. El escritor tiene que ser un niño. Somos ese niño sentado al borde de la cama, esperando a que su padre le lea un cuento: esa sensación es insuperable, ese “cuéntame algo que me divierta”, no me dejes ir a dormir... Esa es la clave de todo.”

“También me resultaba muy divertido y muy atractivo el poder llevar a la gente con este juego y de esta forma, en la que no supieran exactamente qué estaba pasando ni porque había sucedido todo. Los que me conocéis de mis anteriores libros, sabéis que no me gusta que ninguno se parezca al anterior y eso es fundamental. Para mí, hubiera sido muy sencillo escribir todos mis libros como Espía de Dios. Hay gente que coge un personaje, lo repite, le cambia un poco el argumento y vuelve a hacer la misma novela. Para mí, eso me resulta tremendamente aburrido.”

“La parte más bonita de El Paciente es el que tú puedas empatizar con los personajes en cada momento, que estés sintiendo lo mismo que ellos e incluso les grites por encima del hombro y les digas: ¡no hagas eso! Pero te das cuenta que las cosas no son tan sencillas como uno podría imaginarse y que los dilemas que ellos viven, los vives tú también.”

“Normalmente, la vida no se trata de una decisión que tú tienes que tomar en un único momento, porque probablemente, si a David le dicen “aprieta este botón para el presidente y aprieta este botón por tu hija” no es así. La vida se compone de pequeñas decisiones sobre una gran decisión y eso es lo que hace realmente que te des cuenta de que estás descomponiendo un gran dilema en otros más pequeños. Esto obliga al protagonista a llevar el camino que recorre y eso es lo que llevamos todos. ¿A ti no te ha pasado que alguna vez podías haber quedado con tu novio o con tus padres y no lo haces porque tienes trabajo? Y, probablemente, si a ti te dicen, ¿qué es lo primero, tu familia o tu trabajo? También responderías la familia, pero luego no actúas de esa forma, porque las pequeñas decisiones del día a día son las que te van marcando; a David le pasa lo mismo. Yo pretendía romper los esquemas de los lectores, eso es lo tremendamente interesante. Cuando tú tienes una cosa muy clara y te llevan por la dirección contraria, dices “¡ostras, me ha hecho pensar!” Es una novela que te hace pensar en cada uno de los capítulos, ya no sólo por los dilemas si no porque los aplicas a ti mismo.”

El Paciente tiene que ser una película. Tiene que ser algo muy concreto, muy corto e impactante. Una película que te golpee en la cara y que no te suelte; es como a mí me gustaría que fuese. La leyenda del ladrón, en cambio, podría ser una serie fantástica: llevarías seis o siete capítulos y sería estupenda. Yo quiero que la protagonice Clive Owen, aunque no sé quién saldrá (durante el forum también saltó el nombre de Robert Downey Jr.)”

Cada novela tiene su dificultad especial. En el caso de La Leyenda del Ladrón, la ambientación era una clave fundamental de la historia, y por ello no podía dejar de cuidarla muy especialmente. No en vano estuve tres años sólo con la documentación, tres años completos de mi vida… Daba para estudiar una carrera o incluso para dar la vuelta al mundo andando, no sé, en lugar de eso los emplee única y exclusivamente en la ambientación de una historia, ni siquiera había colocado una sola palabra en el texto. Algunos pensarán que es una locura, y si no, ya te lo digo yo, es una locura. Fuera de broma, en El Paciente no hubo que ambientar tanto, sin embargo la dificultad venía de la enorme cantidad de complejidades técnicas de la novela en una trama aparentemente sencilla.”

"El Paciente tenía que ser una novela que enamorase a cualquier lector de thriller, pero al mismo tiempo estar llena de contenido para quien no lo fuese. Porque en realidad esta es una historia de amor, y nada más que eso. Con tiros y explosiones y todos los elementos de un thriller, llena de intriga, vale, pero por encima de todo es una historia de amor.”

Conseguir los giros de una historia retorcida es sencillo cuando ya eres un escritor profesional, lo complejo realmente es crear personajes de carne y sangre, que el lector tenga dudas de si son reales o no.”

Nunca hay escena que se escriba sola. Si una escena se escribiese sola, con toda probabilidad ya existe o no es buena. Por eso tengo mucho miedo cuando algo se escribe demasiado rápido, porque casi siempre es algo que luego voy a acabar descartando. Para que quede bien es necesaria una dosis de sufrimiento importante. Dicho esto, quizás sean las del final, porque la acción me apasiona y las escribo con mucha mayor energía.”

"El Paciente es una novela que hay que releer, porque la primera vez la consumes con ansia, casi sin darte cuenta de cuál es el mensaje. La pregunta sería "¿Qué importancia tienen en la vida los momentos felices?".

Una noche me viene una idea, un tema que me sacude con un golpe de inspiración y me desvela.  A partir del día siguiente me pongo a buscar documentación, proceso que lleva seis o siete meses. Y luego otros diez para escribirla.

Aspectos sociales

Hasta ahora había escrito thrillers contemporáneos, pero en la Leyenda del ladrón he tenido todo ese trabajo de inmersión en la Sevilla del siglo XVI, y la verdad es que me he encontrado como en casa: aquel era un mundo exactamente igual al actual, con una gran ruptura social entre gobernantes y pueblo llano, los gobernantes despilfarran recursos ignorando que la gente pasaba hambre en la calle. Eso es lo que está por debajo del primer nivel de lectura: una gran crítica social. No es casualidad que los malos sean un duque y un banquero...”

“Lo que pasa en El Paciente, sucederá aquí dentro de quince años. Planteo, por ejemplo, una crítica a la sanidad privada, un modelo que estamos importando y que fue su error de hace quince años. Estados Unidos es un ejemplo, tanto para lo bueno como para lo malo.”

Considero que los márgenes de beneficio de la industria cultural en su conjunto no son nada justos para el escritor o creador. Es decir, no es muy razonable que en un libro o en un disco la editorial o discográfica se lleve siete euros por cada euro que se lleva el escritor.”

Espía de Dios es una novela escrita desde las tripas. La escribí teniendo un trabajo honrado (a tiempo completo, me refiero), con lo cual la tuve que hacer en ese poquito tiempo que tenía libre, que me dejaba mi vida. Probablemente, si la hubiera escrito hoy, hubiera hecho una novela más complicada; ahora creo que me quedó bastante corta. Lo que sí hice fue una ardua investigación sobre la problemática de los abusos sexuales en el contexto de la Iglesia católica, muy especialmente en Estados Unidos, que es donde el antagonista desarrolla su historia personal, la que le lleva a cometer los crímenes que comete. Era una información que estaba ahí, que nosotros no la conocíamos porque en este país, durante muchas décadas, todo lo que sonase a pederastia en el seno de la Iglesia católica no tenía un hueco en las páginas de los periódicos. Por eso fue una novela que llamó bastante la atención; por una razón muy sencilla: incluso aquellos que la criticaban no podían enarbolar ningún argumento contra los fríos datos. Su argumento era “hay cosas que sería mejor que no se conociesen porque manchan el nombre de la Iglesia católica”. No podían decir “ese tipo de cosas no se produjeron”.

“Lo primero fue averiguar qué era ese emblema (El emblema del traidor). Sabíamos que podía tener algo que ver con la masonería, pero había expertos internacionales que habían dicho que eso era falso porque los masones nunca hacen emblemas de materiales nobles. Viajé a París, Munich, Berlín... para encontrarme con cualquier persona que supiera algo de masonería alemana. Uno me dijo que cuenta una leyenda masónica que, cuando Hitler llegó al poder, encargó a Adolf Eichmann que acabase con la masonería. Es sorprendente cómo una sociedad secreta como la masonería acabó cayendo en pocos meses porque 80.000 de ellos acabaron en campos de concentración en un año. Al parecer, hubo un masón que vendió a los demás, un traidor. Como premio, Hitler entregó una parodia del emblema de masón, pero en oro y diamantes. Utilicé como punta de partida todo esto, que es real.”

“He tenido que trabajar mucho con una documentación exhaustiva. Estuve, por ejemplo, en clubes de jubilados para que todo aquel que tuviera más de 80 años, me explicaran cómo vivían en los años 20. Así me contaban a qué olían las calles, a qué se dedicaban, a qué hora se iban a la cama, cómo trabajaban... Es decir, detalles nimios que no se encuentran en libros de historia, pero que luego a la hora de convertir tu imaginación en realidad son fundamentales. Lo que ellos me contaban los integraba en los personajes.”

“El periodismo en nuestro país está muy mal, porque los ejecutivos de las empresas de los grandes diarios se han embarcado en una carrera suicida hacia el abismo. Cuando hice la carrera de periodismo me enseñaron algo que se me quedó grabado: “La radio cuenta la noticia, la televisión la enseña y el periódico la explica”. Nos hemos olvidado de esto en nuestro afán por hacer periódicos televisivos. Cada vez menos texto, ese limitarse a dar cuatro pinceladas sobre un determinado tema. Hemos acabado dañando la esencia de lo que de verdad debería ser el periodismo, que es el ofrecer una nueva luz sobre los acontecimientos.”

“Hoy en día el lector de periódicos se encuentra cada vez más desencantado con el producto que se le está vendiendo por un euro en el quiosco porque tiene una caducidad absoluta. Antes casi de que acudas a comprarlo, todas esas noticias ya no valen, te las han contado el día antes en la página web. Así, es muy difícil que este modelo pueda seguir manteniéndose, más aún si impresentables como Juan Luis Cebrián tienen los santos cojones de decir “no podemos vivir tan bien”, cobrando los 13 millones de euros al año que cobra. La única pretensión de un ejecutivo de un gran medio de comunicación es adelgazar las plantillas y poner a la mayor cantidad de becarios o personas que cobren lo menos posible para sacar a la calle un producto que no cuenta nada. Es necesario que existan publicaciones que se dediquen a analizar y a desgranar en profundidad cada uno de los temas. Al final lo que la gente quiere leer son grandes textos, bien escritos. Nos hemos empeñado en creer que la gente es gilipollas, y así lo único que consigues es que la gente se aleje de ti.”

En Madrid, estadísticamente (porcentaje por mil habitantes), hay quinientos psicópatas que transitan por sus calles como si nada. Lo que pasa es que los psicópatas no tienen exactamente el perfil que nosotros estamos acostumbrados a ver en las series de ficción, o en las películas americanas. No todos son asesinos en serie, sino que son gente que tienen una limitación, no pueden sentir empatía por los demás. Tienen un fallo en su módulo prefrontal que les impide tener neuronas espejo, aquellas que permiten precisamente sentir por reflejo el dolor ajeno y otras sensaciones. No pueden apreciar si una persona está alegre o triste solo por lo que ven, o por la información que están percibiendo. Una persona que es capaz de pisotearte sin sentir ningún sentimiento, termina siendo un gran manipulador y colocándose en puestos que le sean de utilidad. Estadísticamente, hay más psicópatas entre los consejos de dirección de las grandes empresas. Debemos tener claro que la psicopatía es una característica del cerebro humano, no una locura como tal… algo que no permite ver el bien común, ni ponerse en la piel de los demás.”

 

Creo que nunca terminaremos de hablar de la época nazi porque es el momento en que como seres humanos raspamos el fondo del barril, y lo que encontramos es repugnante. Es necesario y bueno que se sigan ambientando novelas en esa época para no perder nunca de vista hasta dónde nos pueden llevar los extremismos. Estamos a tan solo un pequeño empujón de repetir esa situación, incluso hoy en día. Llevamos tres años de crisis y aquí en España ya hay voces reclamando a gritos la expulsión de los inmigrantes que roban el trabajo de los españoles. Danos veinte años de crisis como tuvieron los alemanes y verías cómo empezaríamos a pasar magrebíes por las cámaras de gas. Tristemente el ser humano es muy predecible.”

Intento tomarme las cosas con humor, de lo contrario cada vez que abriese la portada de ElMundo.es tendría que saltar por la ventana. Es terrible la deriva que está tomando esta sociedad frente a nuestros ojos, y muchas veces me pregunto por qué los españoles cuando compran el periódico no cogemos antorchas y salimos a la calle.”

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