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Mantón de Manila

El mantón de Manila es un lienzo cuadrado de seda decorado en colores vivos con flores, pájaros o fantasías, y rematado en todo su perímetro por flecos.

De origen chino, se hizo muy popular durante el siglo XVIII en España e Hispanoamérica como complemento del vestuario femenino.

Fue inmortalizado por pintores como Joaquín SorollaHermen Anglada CamarasaRamón Casaso y Julio Romero de Torres.

Joaquín Sorolla y Bastida

En la cultura tradicional del vestido femenino, el mantón de Manila se asocia a la mujer andaluza, la manola madrileña, el casticismo en la geografía universal de influencia hispana, el flamenco y la elegancia de corte exótico.

Es difícil imaginar algo más unido a nuestra tierra que el mantón de Manila; desde el folclore a la moda de la calle esos bordados y ese movimiento nos han acompañado como algo que nos representa fuera de nuestras fronteras.

Manola por Julio Romero de Torres (hacia 1900). Museo Reina Sofía.

Historia

Los primeros chinos que se establecieron en Manila alrededor de 1575 trajeron de su país de origen tapices cuadrados y colchas de seda bordadas, de uso cotidiano en las clases altas chinas.

Los mantones comenzaron a importarse a finales del Siglo XVIII, y de allí se extendieron a otras colonias españolas, como Perú, México y Guatemala, donde gracias a sus formas vistosas y coloristas gozaron de gran aceptación entre las mujeres de toda clase y condición.

Desde finales del XVI, el tráfico mercantil oriental comenzó su flujo ascendente desde la entonces colonia española de Filipinas (en honor del Rey Felipe II) hacia Europa. Desde el Puerto de Manila zarpaban hacia el de Sevilla, vía el Puerto mejicano de Acapulco, donde descargaban y vía terrestre llegaban hacia Veracruz (en la costa Atlántica); y de nuevo, vía marítima zarpaban rumbo a Sevilla.

A partir del S. XVIII comienza el tráfico comercial directo con Filipinas, desde Manila a Sevilla por el cabo de Buena Esperanza. En esta época llegaron también los mantones de Manila a ciudades norteamericanas como Boston, Filadelfia y California.

En este viaje, el mantón sufrió constantes transformaciones, tanto en la forma y tamaños, como en los pequeños dibujos florales y orientales, que se transformaron por diseños más grandes y coloristas, más al gusto de los europeos.

En España fueron primero las grandes familias las que hacían uso del mantón, pero pronto llegó a convertirse en un accesorio imprescindible para las mujeres trabajadoras del siglo XIX. Así, tenemos el ejemplo de las Cigarreras Sevillanas, trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de Sevilla que utilizaban para bordar los trozos de seda donde venían envueltos los fardos de tabaco.

El gusto andaluz por el barroco y el colorido dio lugar a la introducción de grandes rosas y claveles como motivos de diseño, hasta conseguir un nuevo renacer del mantón, de tal forma que esta prenda de adorno se identifica hoy en todo el mundo con Andalucía.

Sin duda la cultura china y la andaluza son las que más huella han dejado en la composición de los Mantones de Manila, aunque por una paradoja del destino, su nombre sea el de esta bella ciudad filipina, donde nunca llegaron a confeccionarse.

Propio del diseño chino es el uso de colores más suaves y simbología oriental; mientras, en los españoles, destacan los dibujos de flora en colores llamativos y alegres.

El mantón tiene una historia cargada de influencias hasta que llego a convertirse en lo que hoy día conocemos.

La historia del Mantón de Manila está ligada a la de la Ruta de la Seda. Felipe II encargó en el año 1559 a un antiguo compañero de Juan Sebastián Elcano, Urdaneta, que abriese una ruta de ida y vuelta hacia las Islas de Poniente. El 21 de Noviembre de 1564 saldría de México una expedición que llegó a Cebú el 27 de Abril de 1565. Esta ruta sería navegada por los españoles durante 250 años siendo la más larga en duración de la historia. El puerto de salida era Acapulco y el viaje duraba unos seis meses, entre tiempo de navegación y el destinado a compra y carga de mercancía en Manila.

El galeón iba cargado de plata y oro de México y Perú, para pagar los gastos de dicha empresa, así como frailes y misioneros; Al regreso de Oriente las mercancías de China, Japón, Ceylán Java, India... eran muy variadas: clavo, canela, jengibre, pimienta, nuez moscada, marfil, porcelana, alfombras persas, abanicos, lacas, te, cigarrillos.......Pero los galeones fueron principalmente barcos de seda: gasas delicadas, terciopelos, tafetán, crespones cantoneses, seda floreada...

La calidad de las sedas chinas fue creciendo tanto que supuso un problema para la industria europea y en el año 1593 se exigió una cantidad de importaciones fija que no supusiera una competencia tan grande.

Parte de los productos que traían los galeones se quedaban en México y Perú y otras viajaban hasta el puerto de Veracruz para zarpar a Europa y a los mercados españoles.

Lo que se denominaba de manera coloquial "bordados de Manila"  procedían en realidad del sureste de China, de Canton o la provincia de Fukien, pues la industria de la seda nunca se implantó en Filipinas. Se importaron muchos ornamentos y vestidos litúrgicos. Estas sedas eran decoradas con bordados y pintura y su destino era principalmente América Latina. A través de otras compañías como la "East India Company" estos trajes litúrgicos llegaron también a París y Londres.

El mantón de Manila no formaba parte de la tradición china y se impuso por las necesidades europeas donde lo usaron  para vestir y para decorar; sin embargo los largos flecos que lo adornanjunto al entramado de nudos decorativos, llamado macramé, si derivan de la moda oriental. Desde el año 1840 aproximadamente será tanta la demanda de este producto que en Cantón se creó una zona a la fabricación exclusiva de mantones.

Según la historiadora C.Stone "al mantón le pusieron el cuerpo los chinos y los árabes el alma". La historia del mantón va unida a la tradición morisca de taparse el rostro. Al prohibir la corona en el año 1492 el uso del velo  las moriscas adoptaron el chal utilizado por las castellanas. Utilizaban el chal con coquetería y tapaban su rostro dejando ver sólo los ojos.

Este gesto, lo adoptaron las mujeres cristianas de Sevilla, Córdoba, Granada y Toledo; el chal les permitía moverse sin ser reconocidas y así se inició un juego en el que incluso perder las prendas al ir a visitar a un amante era divertido en extremo.

Esta costumbre de ocultarse tras los ropajes para tener mayor libertad de movimientos   fue tan escandaloso en su época que hasta el Papa condenó el uso del velo en Venecia y España. En Lima donde las señoras de alta alcurnia lo consideraron un juego licencioso y fue muy recurrente, recibió el nombre de las tapadas.

El mantón poco a poco fue evolucionando y tomando su forma actual. Al principio era más pequeño y con el tiempo fueron adquiriendo mayor tamaño así como un macramé más marcado y largo. Las europeas preferían los motivos decorativos más orientales. Se dieron diferentes zonas de fabricación como se puede ver en la variedad de tejidos, de puntos, colorido y bordados. 

Los chalés se pondrían de moda en Europa a finales del siglo XVIII pues la ropa de estilo imperio necesitaba, dada su ligereza, algo de abrigo. El mantón cuadrado como lo conocemos actualmente se daría a partir de 1820. Hasta el año 1930 casi todos estaban realizados en seda. Los primeros mantones eran de una seda muy fina y resbaladiza; el hilo estaba realizado a mano y al estar menos torcido que el realizado a máquinael dibujo quedaba menos definido ya que lo rellenaba al aplastarse un poco y lo dejaba más matizado.

Los diseños iniciales suelen ser más sencillos pero más trabajados y el colorido contenía un sin fin de colores y declinaciones de tono que los hacía muy refinados. Con el tiempo la cenefa bordada se va ensanchando y poco a poco los motivos se van haciendo más grandes.

Los flecos son también más pequeños en los mantones más antiguos y van adquiriendo peso y macramé con el tiempo. Hacia final del siglo XIX  el centro del mantón esta bordado entero  y eran muy apreciados los que llevaban motivos de pabellones  y chinitos con caras de marfil.

Los mantones inmensos fueron muy apreciados en Hispanoamérica y son típicos de principios de siglo XX. Desde 1930 los hilos son bastante gruesos y los puntos muy grandes; son modelos muy llamativos pero menos refinados.

El mantón de Manila se realizaba en seda cosido con hilos también de seda. De forma cuadrada y gran tamaño, urdido en colores variados, siendo los más clásicos el negro y el marfil. Antes de trabajar la pieza, se realizaba el dibujo sobre un papel y se perforaba; luego se marcaban con tizas las plantillas perforadas, dejando la marca en la tela que pasaba al bastidor para proceder a bordarlo.

La técnica más habitual era el bordado a matiz o «acu pictae» (pintura de aguja), y dentro de ella la de bordado plano, con puntos de matiz chino, pasado plano y cordoncillo.

La obra se cerraba con la colocación de los flecos o "flecado", modo o elemento heredado de los árabes, realizado también con hilo de seda y técnica de macramé.

El flecado —un dibujo a base de nudos, formados manualmente— constituye una de las labores textiles más complejas y vistosas.

Un manojo de hilos de los que se usan para el bordado de los mantones.

Conservación de los mantones

Se recomiendan ciertos cuidados para conservar un mantón. No importa si se guarda doblado o dejándolo caer, pero lo que queda claro es que se envuelva en tela o en papel, jamás en plástico y que se les dé un par de vueltas cada año extendiéndolos para que se aireen.

Hay más recomendaciones, como volverlos a guardar con dobleces diferentes a los que tenían, ya que la seda es un tejido natural y vivo, y no debe tener mucho tiempo los mismos pliegues; en este caso, podría deformarse e incluso pasarse.

También existen tubos acolchados de conservación donde el mantón queda enrollado entre dos telas de algodón de tamaño mayor, para evitar que el polvo acidifique la prenda.

  1. Lavado: Nunca se debe lavar en casa, siempre en tintorería. En caso contrario, el lavado del mantón deberá ser a mano y con agua tibia, ya que no admite temperaturas altas ni centrifugados. En el caso de que aparezca una pequeña mancha, frotarla con jabón con un paño debajo del mantón. A continuación, se debe planchar el mantón.

  2. Planchado: El mantón se debe planchar del revés con la plancha de vapor, con el fin de realzar el bordado.

  3. Conservación: Los mantones nuevos se deben colgar de una percha tapado con una funda y a ser posible dentro de un armario.

Evolución de los diseños

Desde sus orígenes chinos, el diseño del mantón ha ido cambiando con el paso del tiempo; podemos considerarlo como un lienzo que cada uno de sus creadores ha ido llenando con elementos significativos de su cultura.

Con su llegada a España, el mantón de Manila fue fundiendo sus tradicionales motivos orientales (dragones, sapos, aves y otros símbolos chinos) con otros más propios del gusto europeo.

A este momento pertenecen los mantones de figuras chinas, cuyas caras se tallaban sobre una fina placa de marfil, que se pegaba a la seda; la utilización de estos materiales denotan su antigüedad, que puede fecharse alrededor de 1860.

En Andalucía, los motivos florales eran los más apreciados. Los mantones se llenaron de vistosas rosas de diversos tamaños, bordadas en fuerte colorido; la rosa, además, significa el secreto, y en la simbología cristiana hace referencia a la Pasión de Cristo.

En esta línea, se hicieron frecuentes en los diseños las margaritas, cuyo significado es la impaciencia, el lirio, que remite a la pureza, o el girasol, que es símbolo de fidelidad. El romero representa la memoria, vinculado además a propiedades mágicas y adivinatorias. Otros de los motivos florales más frecuentes fueron, y siguen siendo, el pensamiento, el cardo y el loto, este último de indudables reminiscencias chinas.

La peonía era la flor de la abundancia y el honor y símbolo de la emperatriz, era emblema de la mujer casada y su madurez así como del comienzo del verano. Saldrá en casi todos los mantones y aquí sería tomada como la rosa.

La flor del ciruelo que suele aparecer pequeña es la primera flor de un frutal que sale entre la nieve. Es símbolo de la mujer joven de la pureza y el valor.

La flor del melocotonero representaba las bodas y alejaba el mal de ojo.

El loto es para los budistas como la cruz para los cristianos y es símbolo de la Fe. Su brote, flor y vaina representan pasado, presente y futuro; cuando se la ve profusa simboliza la estabilidad de la familia.

El crisantemo simboliza el otoño y la vejez feliz y plena.

El bambú, el sauce llorón y las frutas son más raros en los mantones.

Las aves son motivos recurrentes: el fénix símbolo de la emperatriz, de la paz; el pavo real; los patos mandarín símbolo de lealtad y fidelidad, las mariposas....... Los motivos decorativos son innumerables y  algunos  de ellos como el murciélago y el sapo  a pesar de atraer la suerte y la prosperidad no se bordaron por no ser del gusto europeo.

Gabriel Morcillo
Julio Vila y Prades
Mantón ala de mosca

Esta gran variedad de motivos y combinaciones han ido agrupándose en diseños más o menos semejantes, que han terminado por ser denominados en función de su motivo dominante: así, podemos encontrar mantones de rosas, de pavos reales, de chinitos, de clavelitos, de flores grandes, de uvas, de rosetones...

Algunos, por su originalidad o por su especial significado, han logrado mantenerse al margen de las modas: es el caso de los mantones de macetón y los de cigarreras. El primero de ellos responde a un diseño que mezcla los tradicionales tallos de bambú con canastas cuajadas de flores de todo tipo. En cuanto al segundo, recibe el nombre de las trabajadoras de la fábrica de tabaco de Sevilla, quienes añadieron a su vestuario cotidiano el bordado casi exclusivamente con grandes rosas y claveles de brillantes colores.

Este proceso de adaptación ha determinado por hacer del mantón de Manila una prenda propia de la artesanía andaluza, que ha ido adaptando sus usos y diseños hasta hacerla una parte más de su tradición.

Otro uso que se da al mantón en tierras andaluzas, y que suele asombrar a quienes lo observan, es el engalanamiento de balcones en determinadas fiestas. Así, es tradicional que las casas de las calles por las que pasan las procesiones del Corpus Christi en Granada, Sevilla y otras ciudades y pueblos de Andalucía cuelguen en sus balcones mantones de Manila, como un adorno más.

Los primeros bordados en seda no se realizaron sobre mantones, sino en libros, tapices, estandartes y banderas, para posteriormente aparecer en vestidos, colchas, cojines y otros enseres de decoración doméstica. Los bordados sobre una prenda similar al mantón no aparecen hasta el siglo XII, cuando las mujeres de clase alta comenzaron a utilizar esta especie de chales.

Actualmente, el mantón de Manila no es una prenda solo de Andalucía para el vestido de flamenca, se luce en toda España. En Madrid lo lucen las chulapas, las mañicas en Aragón. Los mantoncillos en diversos trajes regionales son muy comunes también.

Es un clásico en el armario, mejor si es heredado de las madres y abuelas. Es un placer ver los mantones elaborados ahora, un dechado de gusto y originalidad con coloridos preciosos.

En la actualidad se hacen concursos y exposiciones de mantones y se confeccionan auténticas maravillas.

La primera Dama de los Estados Unidos,  Michelle Obama, se llevó uno de regalo en un viaje de carácter privado que realizó a España.

También se confeccionan vestidos de fiesta con mantones y quedan preciosos.

Tipos de mantón

Más del gusto español" se conoce como 'estilo Cigarreras', que se distingue por bordados de grandes rosas y se popularizó en nuestro país cuando desaparecieron las colonias de Filipinas, convirtiéndose en prenda habitual y de lujo de las señoras.

Clásico y también habitual es el bordado entero de rosas más pequeñas que el anterior, destacando por su elegancia y por ser un fondo de armario, sobre todo los que van bordados en crudo, porque quedan bien como complemento de cualquier vestido.

Detalle de un mantón con motivos florales.

Hay más variedades, como el Isabelino, que popularizó la reina Isabel II y es más ligero, con las esquinas bordadas y el centro casi despejado aunque con detalles de dibujos salpicados.

En cuanto al 'chinesco', es de los más antiguos que existen, ya que procede de los que se bordaban en Cantón y Macao plasmando escenas cotidianas de aquel país.

A ellos hay que sumar otras piezas bien útiles para diversas ocasiones. Los mantoncitos de talle son cuadrados y más pequeños. Y los picos bordados, que en su día los llevaban las gitanas y que ahora se han puesto muy de moda para complementar al traje de flamenca.

Resta el costumbrista, como el que Espinar ha creado reflejando las fiestas populares de Andalucía. En un mantón negro y con sedas multicolores, estas artesanas han reflejado al detalle la romería del Rocío, con sus carretas o el Simpecado de la Virgen; la Semana Santa bordando nazarenos, mantillas, Armaos de la Macarena y hasta el aguador; o la Feria de Abril, con casetas, caballistas, flamencas, la plaza de la Maestranza y el torero. Sin olvidar la Torre del Oro y la Giralda.

También se utiliza el mantón para enriquecer el vestuario femenino por ejemplo en bodas, o para engalanar balcones en fechas especiales.

Un mantón bordado con motivos andaluces.


En el flamenco

Bailaora con mantón, óleo de John Singer Sargent.

Cuando en la primera mitad del siglo XIX, la poderosa industrial textil inglesa y las modas europeas impusieron sus tonos grises y opacos en el vestido femenino, el mantón de Manila, caído en desgracia entre la burguesía fue descendiendo estratos sociales hasta refugiarse en el casticismo de las manolas madrileñas y la mujer de las castas gitanas más de la mayoría de las capitales españolas. Su presencia en la ceremonia del baile flamenco es uno de los principales recursos de la gracia de la "bailaora", además de un atributo femenino rico en simbolismo.

En la zarzuela

El estreno de La verbena de la Paloma el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid, con libreto de Ricardo de la Vega y partitura del Maestro Chapí, terminada por Tomás Bretón, le dedicó al mantón de Manila de las chulapas de la capital de España, dos de las coplillas más populares de la historia de la Zarzuela, como el dúo de Julián y Susana.