La mochila de Lola

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Sánchez-Garnica es licenciada en Derecho e Historia. Nació el uno de abril de 1962, en el barrio de Chamberí de Madrid. La pequeña de cuatro hermanos.

Preparó oposiciones y ejerció la abogacía, actividad que abandonó cuando sus hijos entraron en la adolescencia. En la actualidad se dedica de lleno al mundo de la literatura. Su obra, hasta ahora, pertenece al género de la novela histórica de aventuras, misterio e intriga.

Autora de El gran arcano (2006), La brisa de Oriente (2009), alcanzó un gran éxito con El alma de las piedras (2010), de la que se publicaron cinco ediciones.

En 2012, con Las tres heridas ha conseguido la consagración en el mundo de la literatura con un explícito reconocimiento de la crítica y de los lectores.

Su último libro, La sonata del silencio es una historia de pasión y traición ambientada en la postguerra española.

 

Sus libros

Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido. 2016

La sonata del silencio. 2014.

Las tres heridas. 2012

El alma de las piedras.  2010

La brisa de Oriente. 2009

El gran arcano. 2006

 

WEB DE LA AUTORA

http://www.palomasanchez-garnica.com/

 

 

SUS PALABRAS

 

ASPECTOS PERSONALES

“Nací el uno de abril de 1962, en el barrio de Chamberí de Madrid. Según me cuenta mi madre, vivíamos en un cuarto sin ascensor del barrio de Prosperidad, pero al mes de mi nacimiento nos mudamos a la calle Marcenado, a un tercero ya sí con elevador, cosa que debió de facilitar mucho la vida a mi madre teniendo en cuenta que tenía cuatro hijos.”

“Por aquel entonces, mi padre se preparaba las oposiciones para catedrático, y cada domingo recitaba los temas a mi madre (de profesión ‘sus labores’), mientras ella le controlaba el tiempo. En 1966 consiguió la titularidad de la Cátedra de Patología General de la Universidad de Zaragoza, y allí nos trasladamos toda la familia, mis padres y mis hermanos.”

Soy la menor de cuatro hermanos, detrás de dos varones y de mi hermana, ocho años mayor que yo. Desde muy pronto aprendí a pasar desapercibida a los ojos de los dos chicos para evitar recibir los ‘ataques’ que le correspondían a una por aquello de ser niña y, para más inri, la pequeña.”

“No obstante, recuerdo mi niñez feliz, organizada y acogedora. Fui al colegio de las Escolapias de Ruiseñores: conservo en mi mente aquel primer uniforme rosa, enseguida sustituido por el de las mayores, azul marino de tablas rebeldes y volanderas a merced de la fuerza del Cierzo, que en tantos apuros me puso, incapaz de sujetarlas porque tenía los brazos ocupados en aferrar el cerro de libros que todas llevábamos pegados al pecho al no estar de moda la cartera.”

“En aquellos años descubrí el poder que tenía la lectura para romper las barreras que tanto limitan la vida. Los libros de Enid Blyton, Las aventuras de los cinco y Los siete secretos, además de Los Hollister, me acompañaron durante infinidad de horas con historias increíbles que viví con pasión sin necesidad de salir de mi habitación.”

Debía de ser yo algo rebelde, y ni las monjas me soportaban ni yo soporté a las monjas, y el tercero de BUP y el COU los cursé en la Academia Cima, situada en un antiguo edificio de la calle Cervantes, demolido y convertido hoy en pisos. Durante aquellos cursos tuve la suerte, no reconocida por mí entonces, de leer y estudiar a los Clásicos, gracias a la asignatura de literatura, lecturas obligadas pero que me dieron el conocimiento suficiente para que, algunos años después, pudiera disfrutar con su relectura.”

“Cada verano pasábamos quince días en la playa, al principio en Santander, luego en Salou, pero allí mi padre no iba porque no le gustaba, y nos enviaba a todos en un taxi mientras él se quedaba en Zaragoza y nos visitaba en fin de semana. En uno de esos fines de semana del 72 recuerdo con orgullo su sonrisa iluminando su cara al traernos la noticia de que le habían nombrado Decano de la Facultad de Veterinaria. “

“En aquellos primeros años de la década de los setenta, una vez regresados de la playa, empezamos a ir a Navalcarnero, el pueblo de mis abuelos.”

Aquellos veranos fueron cruciales, ya que durante nuestra estancia en aquel pueblo de Madrid, mi hermana, mi hermano mayor y yo encontramos a los que se convirtieron en nuestros respectivos cónyuges.”

 “A Manolo le conocí a principios de agosto de 1979. Nuestro noviazgo duró dos años y medio, marcado por los viajes (él vivía en Móstoles, yo en Zaragoza), por intensos encuentros y despedidas compungidas, largas horas de tren por mi parte, o kilómetros de carretera de doble sentido conduciendo él un Renault 12 verde botella por las curvas de Medinaceli o las rectas de Guadalajara.”

 “En ese periodo, mi padre enfermó y a pesar de sus ansias de aferrarse a la vida, las fuerzas le fallaron en abril de 1981. Su muerte desestabilizó un equilibrio familiar sustentado sobre él y su figura patriarcal. A mi padre le recuerdo autoritario y entrañable, frágil y fuerte, risueño y arisco, serio y muy divertido, pero sobre todo recuerdo las conversaciones que tuve la fortuna te mantener con él, pocas y muy escogidas, porque en apariencia, solo en apariencia, era inaccesible. A lo largo de los años he echado muchas veces de menos su consejo, sus palabras, su figura, su saber estar.”

“En marzo de 1982 me casé con Manolo, dejando colgada la carrera de Geografía e Historia. A partir de este momento hice todo al revés de lo que se considera habitual: tuve a mis dos hijos muy joven, pero desde el principio busqué, sin saberlo, esa habitación propia que muchos años después descubrí leyendo a Virginia Woolf, en la que pudiera desarrollar algo que fuera solo mío, al margen de mi labor de esposa y madre, haciendo cursos de inglés, de puericultura, de preescolar, hasta que decidí retomar los estudios universitarios, pero en vez de continuar Historia, inicié la carrera de Derecho siguiendo el consejo de mi hermano Juan Carlos, porque tenía más salidas.”

“Me matriculé cuando mi hijo pequeño tenía ocho meses y el mayor tres años. Yo tenía 24 años y saqué la carrera en cinco años, cierto es que con mucho esfuerzo por mi parte, pero de poco hubiera servido mi trabajo si no hubiera contado con la ayuda y el apoyo de mi marido.”

 “Vivíamos en Aranjuez y allí conocí a una registradora de la propiedad  que me animó a prepararme las oposiciones a registrador. Y así inicié una larga andadura de horas, días, meses y años de estudio y de memorizar todos los artículos del Código Civil y de la Ley Hipotecaria, nueve horas diarias, de lunes a sábado, durante cinco años, en los que de nuevo tuve a mi lado a Manolo.”

“Lo intenté con judicaturas y secretario de juzgado, pero al final, tras seis largos años dedicados a opositar, tuve el coraje (hay que tenerlo) de abandonar. Fue entonces cuando decidí ejercer la abogacía, ávida de salir a la calle, de hablar con gente, de ganar dinero con mi trabajo.”

 “Ya entonces me dijo mi hermano mayor, también letrado, que aquello no era para mí. Y tenía razón, aquello no era para mí por muchas razones, pero lo que realmente me animó a colgar la toga definitivamente fue la incipiente adolescencia que empezaba a despertar en mi hijo mayor, un cúmulo de hormonas por aquel entonces algo revolucionadas y que necesitaban de mi control.”

 “Nunca me arrepentí de haberlo dejado. Durante los años en los que ejercí tuve una experiencia que me demostró que todo esfuerzo merece la pena.”

 En ese momento me di cuenta de que tantos años opositando, además de carácter, me habían inculcado disciplina y constancia, actitudes imprescindibles para el oficio de escritor.”

Nunca había pensado en escribir. Desde muy joven tuve la inquietud de buscar mi lugar en el mundo y he dado bandazos: hice Derecho, preparé una oposición a registros, terminé la carrera de Geografía e Historia, ejercí la abogacía unos años… En 2003, a raíz de una conversación entre amigos, me puse a escribir una novela, se publicó y encontré mi lugar en el mundo. Escribiendo, rodeada de literatura, es como me siento feliz.

“Una vez abandonada la abogacía retomé los estudios de Historia. En junio de 2003 me licencié en Geografía e Historia. Nunca antes me había planteado escribir, ni mucho menos ser escritora. En los meses siguientes hubo varios detalles que me impulsaron hacia la idea de escribir una novela, y el nueve de enero de 2004 empecé lo que se convertiría en El gran arcano. Todo lo que resultó de aquella primera obra fue muy gratificante, precisamente porque nunca esperé nada y todo me vino regalado.”

La brisa de oriente supuso para mí el firme compromiso con la literatura, desde los dos lados: como lectora y como escritora. El alma de las piedras y Las tres heridas son el resultado de ese compromiso, rematado con La sonata del silencio.”

 “Desde que empecé a escribir mi primera novela en enero del 2004, he encontrado mi lugar en el mundo: la lectura y la escritura llenan mis días en la compañía, imprescindible siempre, de mi marido, al que admiro profundamente.”

 “A medida que pasan los años, soy más consciente de lo importante que ha sido para mi vida haber aprendido a leer, algo que remarcó Mario Vargas Llosa al comienzo de su discurso de aceptación del Nobel en noviembre de 2010. Aprender a leer nos abre un mundo de oportunidades extraordinario. Sólo tenemos que aprovecharlas. En nuestras manos está hacerlo o dejar pasar la vida sin experimentar todo lo que la literatura puede llegar a aportarnos, engrandeciendo nuestra existencia.”

“Cuando estaba escribiendo mi primera novela  cayó en mis manos El último catón  de Matilde Asensi; su lectura en ese momento formó un extraño vínculo con la autora. Respecto a Ana María Matute es una admiración y un respeto por su singularidad, su aparente fragilidad que no oculta su fortaleza, y una personalidad extraordinaria; de mayor quiero ser como ella. “

“Yo siempre he leído mucho, a pesar de que escribí mi primera novela con 42 años y se publicó cuando ya tenía 44. Para mí la literatura siempre ha sido una pasión, y ahora ya de mayor he descubierto que la escritura también es otra pasión, aunque distinta.”

“Yo leería hasta dormida y escribir me ayuda a entender mejor el mundo, a tener más armas para enfrentarme a la vida, nunca me siento sola, por eso no entiendo que alguien se aburra teniendo un libro al lado. Convertirme en escritora me ha hecho ser consciente de mi pasión por la literatura.”

“Durante una discusión entre amigos sobre religión me di cuenta de que todos sabíamos muy poco del cristianismo, el judaísmo y el islam y me puse a leer mucho sobre este tema, tuve una crisis de creencias, mi fe en el catolicismo se trastocó y mientras escribía para aclarar las ideas, me salió El gran arcano. Me lo pasé genial escribiendo y pensé que a lo mejor valía para eso, la vida te va llevando por un camino o por otro sin que seas consciente.”

 “Los escritores necesitamos el reconocimiento, es un trabajo sin estabilidad, sin la seguridad de un sueldo fijo todos los meses, no sabes si tu trabajo va a gustar o no, dependes de las editoriales y de los lectores, por eso les tengo un respeto brutal a los lectores, porque su reconocimiento es mi fuerza, lo que da valor a mi trabajo, a muchas horas de soledad, dudas e incertidumbre.”

“Yo me documento a lo largo de toda la historia a base de lecturas. O bien ensayos o más concretamente la propia literatura. Para La sonata del silencio, me he leído novelas de la época y novelas de la ambientación a la que nos ha llevado esa época, finales del s. XIX. Leyéndote La Regenta o cualquiera de las obras de Pérez Galdós, sobre todo, Fortunata y Jacinta, te das cuenta que los años 40 tienen mucho que ver, en la mentalidad y en las leyes, con esa época. Se ve, por ejemplo, en la mentalidad de La Regenta con esa sociedad pacata en el ámbito civil, ese poder de la Iglesia sobre las mujeres y sobre las hijas de familia que se controlaban a través de la confesión.”

“Ocurre también en La colmena o en Entre visillos de Carmen Martín Gaite, toda la obra de esta escritora muestra el aburrimiento de las mujeres en esa época porque tenían que estar en casa.  También en Historia de una escalera de Buero Vallejo vemos la microsociedad , aunque esto se da en Madrid, podría haber sucedido en cualquier ciudad de España. La escalera es de los vecinos y cada vecino es uno de los que mira detrás de la ventana, uno que quiere salir o uno que sube arriba. La documentación para mí es leer. Leer mucho y a partir de la lectura me van surgiendo ideas y personajes y a partir de ahí, me tengo que poner a escribir y la historia sale.” 

“Ahora mismo puedo estar leyendo tres o cuatro libros a la vez. Soy muy desordenada y desorganizada para eso. Tengo un clásico siempre de primera hora de la mañana para despertar porque me levanto muy pronto, voy a nadar, después de natación leo unos 15 minutos.”

 “Hice el camino de Santiago hace mucho, con mis hijos pequeños, y siempre me quedó, sobre todo cuando estaba escribiendo la segunda novela, La brisa de Oriente, la curiosidad de saber cómo se había originado todo ese mito y todo lo que supuso, y que todavía permanece.”

“En Talavera de la Reina viví 15 años de mi vida, con mis hijos pequeñitos, y allí me forjé prácticamente como escritora. Hay un momento en la vida en la que decides dar un paso, o cambiar, y me surgió la oportunidad de vivir en Marbella,  el clima, el sol, me da mucha vida. Además, tiene ese ambiente de relajación vacacional, que también le condiciona a uno. Son épocas diferentes de la vida, aunque para mí Talavera es una ciudad muy importante, en una época muy importante de mi vida.”

“Mi nuera es un ratón de biblioteca, ha pasado muchísimas horas investigando en la Biblioteca Nacional y me ha ayudado mucho. También he contado con los testimonios directos de mi suegro. Mi padre, en cambio, no hablaba de la Guerra Civil y murió muy joven, con 57 años. Mi madre lo único que cuenta siempre es el hambre que pasó, pero no durante la guerra, sino después, durante la posguerra.”

“También investigué en los archivos de Móstoles, ciudad en la que comienza la historia de La sonata de primavera. Y, como no podía ser de otra forma, para documentarme he leído muchísimo, tanto novela como ensayo: Barea, Agustín de Foxá, Gironella, Campoamor, Javier Cercas, Muñoz Molina, Javier Marías. Y lo que he sacado en claro después de leer a estos autores es que la guerra arrasó al 95% de las personas, su vida, su futuro, sus proyectos, sus sueños. Todo quedó arrasado. Además, como decía Clara Campoamor, el triunfo tan rotundo de los vencedores tuvo como consecuencia que ellos tuvieron que cargar sobre sus espaldas con los errores y la responsabilidad, mientras que los vencidos fueron vistos como víctimas y se les excusaba y perdonaba más fácilmente.”

“Los años cuarenta fueron una época muy gris, en la que los vencedores actuaron con gran brutalidad, mientras que en la Guerra Civil se cometieron barbaridades en los dos bandos.”

“Cuando escribo necesito un silencio absoluto, no se me puede molestar para nada porque me pongo de muy mal humor y solo cojo el teléfono a mi editora y a mi agente. Mi marido es mi secretario, mi compañero, mi universo, es un gran hombre y tengo mucha suerte de tenerlo a mi lado.”

 

ASPECTOS PROFESIONALES

“Lo que resulta más complicado a la hora de crear personajes,  es el interior de las personas, su sentir, su emoción, y más en unas circunstancias que a mí me resultan ajenas, porque yo no he pasado una guerra, ni por la fase más oscura y dura de la dictadura, ni por sus miedos o sus necesidades. Con mis libros he intentado captar ese interior de los personajes a través de lecturas de la gente que sí lo vivió; espero haberlo conseguido”

“Muchos de los ingredientes que aparecen a lo largo de mi escritura son referencias a recuerdos, vivencias —pasadas o reinventadas—, anhelos, miedos, inseguridades  o incapacidades propias. La vida está llena de pequeños detalles que le dan valor, esas historias que pasan desapercibidas pero que marcan nuestras vidas. Gracias a la literatura, esas pequeñas historias se pueden convertir en grandes novelas que beneficien a futuros lectores, igual que me puede beneficiar a mí escribirlas.”

Mis personajes entran en mi vida, se instalan y ya no salen hasta que la novela terminada pasa a la “propiedad” de la editora; conviven conmigo no sólo en las horas que dedico a escribir, sino durante todo el día; se meten en mis sueños, en mis conversaciones, me acompañan siempre, cuando nado, cuando leo, cuando compro o cocino, siempre están ahí, contando cosas, hablando sin parar, o callando, en silencio, a la espera de que les preste atención y les escuche. Además les llego a conocer tanto que cuando termino siento un extraño vacío, una soledad difícil de explicar que sólo se llena buscando otra historia que contar. Es como si, durante mucho tiempo, hubieras tenido gente viviendo en casa y de repente se van todos; entonces, esa sensación de silencio y soledad es inevitable.”

“La historia de Miguel Hernández era lo que yo quería contar, su vida también quedó arrasada, vencida, cuando empezaba a ser alguien, a subir en la vida, todo se rompió y se quebró. El título de una de mis novelas es un homenaje a él, por eso también aparece en la historia. Yo conocí su poesía y la de Machado gracias a las canciones de Serrat, siempre lo he llevado conmigo, lo tengo grabado. Porque no se puede decir tanto en tan pocas palabras y con tanto sentimiento.”

“La Guerra Civil, sus historias, me inspiraban, pero al mismo tiempo me daba mucho miedo escribir sobre este tema, porque ignoraba muchas cosas. Pero las ideas se nos imponen. Por ejemplo ahora estoy trabajando en una historia también con la inspiración impuesta, en algo que quiero entender y comprender. Siempre me dejo llevar por la historia y los personajes. Sé dónde quiero ir, sé más o menos cuál va a ser el final, pero todo lo de entremedio va surgiendo. En todos los personajes hay algo mío, de mi entorno, de lo que odio y de lo que amo, de mis pasiones y de mis defectos.”

“Yo escribo para aprender; escribiendo organizo, estructuro y comprendo los conocimientos que adquiero leyendo y que se amontonan en mi mente con un desorden a veces exasperante. La escritura me ayuda, y había muchas lagunas que rellenar y mucho que comprender en esa etapa de nuestra Historia.”

“Se publica demasiado, mucho más de lo que se tendría que publicar, pero también es cierto que todos merecemos una oportunidad. Por suerte ahora hay mucho más acceso a la lectura, se lee más que antes. Y eso es lo importante, leer, ya sea Thomas Mann o El código Da Vinci…”

“No tengo miedo al libro electrónico. Nosotros no vamos a ver desaparecer el libro tradicional, físico, en papel. Yo soy de las que se queda embaucada dentro de una librería o una biblioteca. Creo que los libros son un patrimonio que dejamos y que una casa sin libros es una casa desangelada. Ya no hay excusa para no leer, muchos libros en poco espacio, en cualquier parte. Apuesto por la convivencia entre los dos formatos, de la misma forma que la radio y la televisión también conviven. El libro electrónico y el libro en papel son dos mundos que se engrandecen mutuamente.”

“Yo escribo como una mujer porque soy una mujer. Creo en la igualdad ante la ley, pero defiendo la distinción como mujer y como persona. Cuando Javier Marías escribió Los enamoramientos, decía que los hombres tienen más facilidad para ponerse en el papel de una mujer porque, por tradición, desde el principio de su vida tienen más contacto con mujeres: la madre, la tata, la cocinera… mientras que nosotras hemos tenido menos contacto con ese mundo de hombres. Eso está cambiando. Yo, aunque escribo y siento como mujer, desde pequeña he estado más rodeada de hombres que de mujeres.”

La música se convierte en un personaje más que se desliza por mis historias. Aunque no entiendo de música, a mí me ayuda a concentrarme para escribir. Y es un homenaje a los creadores y a los intérpretes.”

“La Ferias del Libro es emocionante. Es la manera en la que se hace efectivo el círculo mágico de la literatura, que empieza cuando yo inicio la creación de la novela y se cierra cuando cada lector termina el libro y piensa que ha merecido la pena. El que una persona se acerque con el libro, leído o por leer, me produce gratitud. Supone dar valor a un trabajo al que es muy difícil darle valor: el libro se echa a la calle y no sabes si has acertado o no.”

“Puedo escribir a mi manera siempre. Hay gente a la que le llega y lo sé porque lo estoy viendo en el contacto con los lectores. Hay veces que llega a emocionarme. Para mí, el escribir es un reto.”

“Cuando me preguntan qué novela mía tienen que empezar, yo siempre digo la última que es la mejor porque escribir se aprende escribiendo y por lo tanto mi mejor narrativa es la última.”

“La mejor novela aún no la he escrito porque cada novela es un reto para mejorar en estructura y en historia de mi oficio. La responsabilidad la tengo con respecto a los lectores desde la segunda novela, porque la primera la escribí totalmente espontánea, con La brisa del oriente tuve el miedo de “a ver si es verdad”.”

“A la quinta novela parece que a la gente le va cuajando pero siempre voy a escribir con esa ambición de hacerlo cada vez mejor y de llegar a los lectores con una calidad literaria y con una capacidad de envolverles, de crear y de provocarles sentimientos. Estas cosas que me dicen, sobre todo con estas dos últimas novelas, que se les queda un vacío cuando la terminan, eso me encanta porque lo he sentido yo como lectora.”

“Cuando me ha ocurrido me quedo como una semana descolocada sin saber qué iba a leer después y te quedas con esos personajes y sensaciones, eso es lo que busco yo al crear las novelas. No quiero que mis novelas sean sólo de entretenimiento para el lector sino que le llegue un poquito más allá, que pueda haber una persona que lo lea deprisa y corriendo, pero me gusta que la gente me diga “me he indignado, he llorado o me he emocionado”.

“Para crear mis novelas he leído mucho, no sólo ensayos de historiadores: Santos Juliá, Beevor, Preston, las crónicas de Pedro Montoliú o de Rafael Abellá, Brenan, biografías de personalidades destacadas de la época, también novelas de los que fueron testigos de aquellos hechos y luego novelaron sus vivencias, desde Manuel Chaves Nogales, pasando por Arturo Barea, George Orwell, Agustín de Foxa, Gironella, Alberto Méndez, J.Eduardo Zúñiga, Iturralde, Carlos Morla Lynch, Clara Campoamor o Ramón J. Sender, entre otros, además de otros contemporáneos que han tratado el tema como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas. La literatura ha sido uno de las bases de mi documentación.”

“Además he visitado los lugares que aparecen en mis novelas, he indagado en archivos y preguntado a los últimos testigos vivos de aquella terrible tragedia que tenía a mi alrededor. La pena es que son ya muy pocos; no escuchamos lo suficiente a los viejos, cuando somos niños les prestamos atención, luego, cuando vamos creciendo los apartamos de nuestras vidas convencidos de que nada pueden enseñarnos, y cuando nos damos cuenta del capital humano que contiene su experiencia, es ya demasiado tarde y se han ido para siempre.”

Cuando estoy escribiendo dejo que los personajes sean los que se posicionen, no me resisto, sería inútil y un trabajo perdido; alguna vez lo he intentado y no me ha quedado más remedio que retroceder, borrar y seguir ‘su’ camino, el marcado por ellos.”

La literatura no sólo es entretenimiento, en ella podemos encontrar aquello que no puede mostrar la historia oficial, podemos comprender los sentimientos de las personas, sus emociones, sus claros y oscuros. Leyendo Las tres heridas entenderán un poco mejor cómo era la gente en el momento en el que se inicia la guerra y en lo que quedan convertidos por ella. Con todo ello espero que podamos ser capaces de una vez de enfrentarnos a nuestra Historia, si no con objetividad, sí con honestidad, y enterrar de una vez el maniqueismo (la idea de que los unos fueron muy buenos y los otros muy malos). La realidad fue mucho más compleja, o puede que más simple, porque para la mayoría de la gente se trataba sencillamente de sobrevivir.”

“Mis referencias literarias ahora mismo son Antonio Muñoz Molina y Javier Marías. Los he leído mucho porque su narrativa es mi referente. Puedo citar otras referencias literarias, y debo decirte que a mí, personalmente, me gusta tenerlas en escritores españoles, que no sean traducidos, porque si luego leo otras como por ejemplo, de Dostoievski o Dickens, aunque pueden estar bien, son al fin y al cabo una traducción. Vargas Llosa es otros de mis referentes, aunque debo hacer mención a los clásicos, como Clarín, Pío Baroja o Galdós, y es que tenemos mucho donde sacar.”

No impongo nunca esquemas, ni una ordenación de lo que tiene que ser cada capítulo, la historia va surgiendo según quieren los personajes, además cuando intento en algún momento meterme por un camino que no les gusta o que no les convence, me paran, y tengo que echar marcha atrás; no considero que contenga un esfuerzo que el personaje sea un hombre o una mujer, no me crea dificultad puesto que al abstraerme totalmente, lo hago del mundo actual, y de lo que soy ahora mismo.”

Intento adentrarme en la psicología de los personajes, abstraerme de la comodidad en la que yo vivo, de la seguridad y dimensión en la que vivimos, los años en los que nos ha tocado vivir, e intento meterme en cómo, para no juzgar ni justificar ninguna acción, sino narrar el cómo vivieron esa gente, que también tenían una vida, un proyecto, una normalidad, y de repente todo eso se rompió.”

“Cada mañana leo lo escrito el día anterior y continuo con mi labor, así es. Y a mis personajes les dejo total libertad para que sean. Hay veces que quizás les quiero llevar por un camino y eso me puede llegar a bloquear. Lo mío es la espontaneidad total.”

No busco contar la historia con mayúsculas. No busco profundizar en ella. Aquí eso solo me ha servido como escenario para contar historias de personas.”

La música me ayuda a escribir porque me aísla del mundo y me predispone al proceso de creación. Con La sonata del silencio, utilicé Los Nocturnos de Chopin, los oía de forma reiterada, de tal manera que con el tiempo, más que escuchar me acorcha la mente, y tan sólo con oír la primera pieza, me incita a entrar en la historia y teclear. Esta magia de la música fue algo que descubrí escribiendo las Las tres heridas, con la que me aislé a través de El Concierto de Brademburgo de Bach.”

Cuando escribo, no pretendo contar nada referente a la política o la historia, convertidos tan solo en un escenario, en el ambiente en el que viven y respiran mis personajes. Lo que me interesa contar es la historia con minúscula, la de la gente normal, como la de cualquiera de nosotros, me interesa contar aquello que no es titular de ningún periódico, ni es objeto de ningún estudio. Cuando escribo, igual que cuando leo novelas, pretendo comprender y entender cómo, por qué y para qué reacciona la gente de una manera u otra cuando está sometida a una determinada presión, o pasión, o sentimiento interno o externo, y asimismo, saber o entender cuáles son sus consecuencias. Es el milagro de la literatura, la ciencia de la sociedad, la intrahistoria de la que hablaba Unamuno, algo que no se puede encontrar en los libros de Historia y que sólo hallamos en las novelas.”

“Siempre empieza todo con una vaga idea de lo que me podría llegar a interesar, con algo sobre lo que tengo curiosidad de entender o comprender mejor. A partir de ahí tengo que ponerme a escribir para poder expresar lo que se va fraguando en mi interior. La estructura se fue haciendo poco a poco sin un esquema previo. Escribo y va saliendo, tal y como si leyera una historia desconocida para mí. Lo único que elijo de manera consciente es la voz narrativa: en primera persona o en voz omnisciente. Lo demás lo dejo en manos de la magia de la literatura. Eso sí, soy muy disciplinada y constante para escribir cada día, muchas horas, indefectiblemente, sea lunes o domingo, necesariamente tengo que sentarme a escribir.”

El hecho de que alguna de mis novelas se convierta en serie de televisión, es para mí un regalo que observo como espectadora emocionada. Yo tengo claro que una película o una serie de televisión son medios muy distintos a un libro; no es lo mismo sentarse a ver una pantalla donde tu cerebro procesa no solo las imágenes sino el sonido que las acompaña, la voz, la música, los efectos ambientales…, que sentarse con un libro en la mano y leer, dando forma y modelando con las pistas que da el escritor, el rostro y la personalidad de cada personaje, los ambientes, los sonidos y cada una de las situaciones que uno se encuentra en el acto solitario y silencioso de la lectura.”

 

ASPECTOS SOCIALES

Tenemos la obligación, el deber y la necesidad de conocer  nuestra historia, para poder comprender y entender lo que pasó, sin justificar ni juzgar nada ni a nadie; una mirada, si no con objetividad, sí con honestidad.”

“Mi intención, más que la historia que es sólo un telón de fondo, era mostrar a los personajes, sus sentimientos, su asimilación de la época difícil que les tocó vivir, de los cambios bruscos que sufrieron de la normalidad, de las pérdidas, de las ausencias, de la miseria humana y material a la que la guerra les abocó y que continuó en la dictadura. Ha sido mi principal objetivo, que el lector pudiera percibir esas sensaciones, esos miedos, ese desconcierto, y, sobre todo, en lo que la guerra les convierte a cada uno de ellos.”

“Los de nuestras generaciones no podemos evitar el temor a no ser lo suficientemente objetivos; es un tema todavía muy cercano en el tiempo, y aún hay heridas sin cerrar; mi tranquilidad al respecto vino de la lectura, leyendo se cura el maniqueísmo, eso dice Antonio Muñoz Molina con el que estoy totalmente de acuerdo.”

“Ubicar a los de un bando en el lado de los malos y a los del otro bando en el de los buenos no lleva nada más que a la intolerancia. No hubo dos Españas enfrenadas en una guerra, fue algo mucho más complicado; y tampoco todos los que estuvieron en el bando nacional se convirtieron en verdugos con la dictadura.”

Hay que leer mucho para desprendernos por fin de esta costra que todavía llevamos y afrontar nuestra historia con honestidad.”

“Yo me adentro en una novela sin pensar en el nombre o en el sexo del autor/a. Lo que sí es cierto es que todavía hay mucha más literatura escrita por hombres que por mujeres. Aún nos queda mucho camino que recorrer. Hace muy poco tiempo que las mujeres que nos queremos dedicar a esto disponemos de una habitación propia y una cierta independencia para poder escribir, como bien decía Virginia Woolf. A pesar de todo, avanzamos a buen ritmo.”

Todos en general ignoramos mucho más sobre la Guerra Civil de lo que estamos dispuestos a reconocer. Al menos la gente de mi generación estudiaba esta parte de la Historia de España como un tema más, pero muy por encima, ya a final de curso, al menos así lo estudié yo en 1978 cuando estaba en tercero de BUP. Y entonces, a pesar de que ya se había terminado el franquismo, nos seguían enseñando que los republicanos eran un desastre, lo peor de lo peor, y que a los del bando nacional no les quedó más remedio que sublevarse para salvar el país. Y, por si fuera poco, los que lo vivieron han guardado mucho silencio. Por eso ahora tenemos que ser capaces de lograr un equilibrio entre la derecha y la izquierda, entre los buenos y los malos, tener una mentalidad distinta. Y eso sólo se consigue a través de la literatura, que nos transmite los sentimientos, las vivencias. Tengo que confesar que antes de empezar la documentación de esta novela había leído muy poquito sobre la Guerra Civil pero escribo para aprender y leer y escribir sobre este tema me ha enseñado mucho para ser capaz de comprender y entender todo lo que pasó sin juzgar ni justificar lo ocurrido.”

La sociedad ha cambiado mucho en estos 75 años de paz aunque entremedio hubo una larga dictadura. Vivimos en un Estado del Bienestar, sin conflictos graves, ahora estamos atravesando una crisis, es cierto, pero son nimiedades comparadas con la mentalidad de antes. No tiene nada que ver la mentalidad de antes con la de ahora. Tampoco la izquierda y la derecha, la justicia, la injusticia, el mundo, la sociedad son los mismos antes que ahora. Ahora en general la gente es mucho más tolerante.”

“Tras una dictadura muy larga, se cerraron las heridas que se cerraron. Luego, durante los años ochenta y noventa, estábamos demasiado preocupados por ser competitivos, europeos, por modernizarnos y por quitarnos la caspa y la costra de la dictadura. Pero en ningún momento nos preocupamos por escuchar a la gente que había sufrido la Guerra Civil y el franquismo. Y de esas personas ya quedan muy poquitas. Ahora las heridas hay que cerrarlas en sus nietos, curar el resentimiento y hacer que sea posible cerrar las heridas. A los muertos ya no se les puede devolver la vida, eso es cierto, pero sí al menos homenajear a las víctimas, recuperar sus cuerpos, encontrar sus tumbas, ponerles una lápida.”

Tras la Guerra Civil hubo en España un retroceso de la sociedad en general y de la mujer en particular a la situación de finales del siglo XIX. Todos los logros que hubo en los años veinte y que se hicieron efectivos en la Constitución de 1931 quedaron fulminados cuando Franco ganó la guerra. La mujer soltera dependía del padre y, aunque la mayoría de edad era a los 21 años, no podía emanciparse hasta los 25. La mujer casada pasaba a depender de su marido y requería su autorización para cualquier cosa, excepto la economía doméstica: para abrir una cuenta, para aceptar una herencia, para ser contratada, e incluso entonces el sueldo se le pagaba al marido. Se estableció de nuevo el adulterio como delito, más grave para la mujer, y se recogió el crimen pasional, por el que a un hombre que matase a su mujer y al amante en flagrante delito de adulterio no le pasaba nada. En los delitos contra la libertad sexual, la víctima no era la mujer; lo que se protegía era el honor del hombre. Dentro del matrimonio no existía la violación ni los malos tratos. Y la sociedad lo aceptaba así.”

“Yo en esto me sumo a Clara Campoamor, que defendía que las mujeres pudieran desarrollarse como personas pero a la que no le gustaba el término feminista. Considerar inferiores a las mujeres supone anular a la mitad de la sociedad, y eso perjudica a esa mitad, evidentemente, pero también a la otra, a los hombres. Se perdió mucha inteligencia, muchas ideas, mucha pasión, al someter a mujeres muy válidas a aquella vida anodina, en la casa, condicionada por el qué dirán, por la Iglesia…”

“Antes era la presión social de la escalera, ahora no la tenemos porque, a lo mejor, ni conocemos al vecino de enfrente, pero tenemos el twitter, facebook y wattsap y te pueden machacar la reputación de una persona por la maledicencia de un comentario. Ahora, la gente joven, la manera de coaccionar a compañeros es esa. Han cambiado las formas pero la gente sigue murmurando y presionando. La diferencia es que antes al ley amparaba esas murmuraciones porque las mujeres no se podían mover de su sitio y ahora la ley te puede amparar si estas en una situación de calumnias o injurias.” 

La historia oficial se ha escrito siempre por hombres, y hasta hace muy poco la sociedad era machista por naturaleza, mujeres y hombres, (eso no quiere decir que el machismo haya desaparecido hoy, pero vamos por el buen camino). A las mujeres se nos ha considerado inferiores hasta hace muy poco. Incluso en la literatura han sido los hombres los que han tenido preeminencia, porque a las mujeres nos faltaba, como bien decía Virginia Wolf, una habitación propia (si es posible con cerrojo) además de independencia económica para poder dedicarnos a esto. Creo que la historia en general ha tratado el papel de las mujeres de manera muy tergiversada y manipulada, en todo caso insuficiente. Espero que esto irá cambiando con el tiempo. Hay que tener esperanza.”

“En situación de guerra, los planteamientos de vida y las razones para morir son mucho más evidentes. Ahora tendremos crisis y otros problemas, pero está claro que llevamos una vida bastante más ordenada.”

“En el caso de la guerra, la gente se levantó un 18 de julio con idea de pasar un domingo apacible de verano, y en pocas horas se fue desmoronando todo lo que tenían alrededor. El miedo se instaló en todos sitios, todo se paralizó. Se sufrió un miedo brutal, unos lo utilizaron para matar, y a otros los llevó a la muerte. Se rompió totalmente la normalidad; la impunidad fue absoluta: cualquiera con motivaciones políticas o no podía entrar en tu casa y llevarse algo o a alguien, así sin más, y no pasaba nada. La gente pensaba que aquello duraría días o semanas, y sin embargo duró tres años. En situaciones así tienes que plantearte las razones para vivir y para morir, incluso como si se tratase de una obligación.”

El lector va a ver la realidad de lo vivido, y cómo esas circunstancias han cambiado tanto a los vencedores como a los vencidos, pero sin marcar la bondad o maldad de los bandos. Eso sería un ejercicio de intolerancia que yo no persigo, porque aquella guerra fue algo mucho más complejo que dos bandos enfrentados.”

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